19 de septiembre de 2017

¿QUIÉN ERES SIN TU HISTORIA ESPIRITUAL?

Por favor, no me hables de ‘Consciencia Pura’ o de ‘Vivir en lo Absoluto’. Quiero ver cómo tratas a tu pareja, a tus hijos, a tus padres, a tu preciado cuerpo. Por favor, no me des sermones de ‘la ilusión del yo separado’ o cómo lograr felicidad en solo 7 días. Quiero sentir un calor genuino que irradie de tu corazón. Quiero escuchar lo bien que escuchas, cómo te abres a la información que no se ajusta a tu filosofía personal. Quiero ver cómo tratas a quienes no están de acuerdo contigo. No me digas lo despierto que estás, lo libre que estás del ego. Quiero conocerte por debajo de las palabras. Quiero saber cómo eres cuando te encuentras en problemas. Si puedes admitir tu dolor plenamente sin pretender ser invulnerable. Si puedes sentir tu ira sin dar paso a la violencia. Si puedes permitir la entrada a tu dolor sin volverte su esclavo. Si puedes sentir tu vergüenza sin humillar a los demás: Si puedes fastidiarlo todo, y admitirlo. Si puedes decir ‘lo siento’, desde tu corazón. Si puedes ser plenamente humano en tu gloriosa divinidad. No me hables de tu espiritualidad, amigo. Realmente no estoy tan interesado. Solo quiero conocerte a TI. Conocer tu misterioso corazón. Conocer al hermoso humano que lucha por la luz. Antes de ‘la persona iluminada’. Antes de cualquier palabra ingeniosa.
Jeff Foster
Fuente: Facebook = Jeff Foster en español

5 de agosto de 2017

POR QUÉ “SER BUENO” PUEDE RESULTAR AGOTADOR

Al ser sensibles, empáticos, nos resulta fácil ver lo mejor de la gente. Sin esfuerzo miramos más allá de la máscara, de la fachada, de la personalidad, del ego, miramos lo sagrado en el interior de los demás.
Con mucha facilidad vemos su dolor, sus decepciones, sus anhelos más profundos, incluso cuando nos atacan verbalmente, cuando nos humillan o cuando nos ignoran por completo. Nos resulta difícil juzgar, porque nos vemos a nosotros mismos también. Pueden burlarse, juzgarnos o criticarnos. Pueden humillarnos, insultarnos. Pueden ofendernos, no escucharnos, pisotearnos, diagnosticarnos, bloquearnos en sus corazones. Pueden rechazarnos a nosotros y a nuestro camino. Pueden anularnos, o reprimirnos. Sin embargo, los abrazamos con empatía. Entendemos sus necesidades, sus sentimientos, sus penas. Sentimos el dolor que no son capaces de sentir. Vemos su bondad subyacente, aunque su comportamiento sea menos que consciente. ¡Somos rápidos para perdonar! Nuestra tendencia, al ser empáticos, es ignorarnos a nosotros mismos en favor del “otro”. El “otro” es a quien tendemos a enviar nuestra atención amorosa.  Llamamos a esto ‘altruismo’. ¡Y puede resultar agotador!
Tal vez como niños aprendimos que nuestra propia experiencia de primera mano en tiempo real no era válida, o confiable, o ni siquiera real. Aprendimos a desviar la atención de nosotros mismos para volvernos cuidadores, apoyadores, terapeutas, sanadores, salvadores, a muy temprana edad. Era una cuestión de supervivencia. Ser egoísta era morir, psicológicamente. Hacer feliz al otro era una cuestión de vida o muerte.
Cuido del otro, y estaré bien. Brindo apoyo al otro, sin importar lo mal que me trate, sin importar qué tanto confunda las cosas.
Aprendimos que: El amor significaba necesitar y ser necesitado. El amor era condicional. El amor era impredecible. El amor era algo por lo que teníamos que luchar, mendigar; que teníamos que abandonarnos y anularnos por él. El amor era algo que teníamos que dar para poder recibirlo; que no nos llegaba en forma natural, que teníamos que ganárnoslo siendo niñas o niños “buenos”.
Después, permitimos que los demás pasaran por encima de nosotros, que ignoraran nuestro propio dolor, reprimiendo nuestra verdadera voz, y luchando por ser perfectos, intentando ser buenos, espirituales, compasivos y tratando de estar “bien”. Creímos que éramos “altruistas”, pero realmente, en el fondo, seguíamos luchando por nuestras vidas. Tal vez atrajimos amigos, amantes y compañeros que no eran capaces vernos, que no entendían o que no les gustaba nuestra sensibilidad, que no estaban interesados en nuestros sentimientos y necesidades más profundas. Compañeros a quienes tuvimos que cuidar, incluso salvar. Compañeros que no eran compañeros, en el sentido profundo de la palabra. Compañeros que simplemente estaban en un camino diferente. En el fondo, no nos sentimos realmente amados, pero no sabíamos hacerlo de otra manera. Teníamos nuestro modelo de lo que era el amor, y se sentía “seguro”.
Aquí hay una invitación para comenzar a romper el ciclo de la adicción a la felicidad de los demás, la adicción a sentirnos necesitados, la adicción a buscar amor donde no se puede encontrar. ¡Hoy, deja que todo el mundo se encargue de su propia felicidad! Descubre la felicidad dentro de ti. Descubre tus pies en el suelo, tu respiración conforme sube y baja. Descubre este profundo abrazo interno a tus pensamientos y sentimientos; este amor que abraza la alegría tanto como el dolor, la dicha como el aburrimiento. Descubre la emoción de recorrer tu propia senda, caminando en lo Desconocido, degustando tu propio sabor.
No puedes hacer felices a los demás, pero puedes inspirarlos a través de vivir tu propia felicidad más plenamente. Puedes ser una llama que encienda a otros en lugar de buscar desesperadamente que otros la enciendan. En la mayoría de los casos, estarías esperando por siempre. Detén la espera. Comienza a vivir. A veces tienes que ser más egoísta para ser realmente “altruista”. Tan egoísta que dediques toda tu vida a resplandecer majestuosamente, inspirando a los demás en lugar de tratar de arreglarlos, esperando en vano que el amor fluya hacia ti. Sé empático, sí, escucha atentamente, sí; comprende el dolor de los demás, sí; pero recuerda, no tienes que arreglarlos. Y tu dolor también importa. Y no estás mal al esperar que tus sentimientos y necesidades sean reconocidos. Mereces empatía también. Mereces amor. Mereces ser escuchado. Siempre lo has merecido. Eres valioso. Ya no tienes que probar tu valía una vez más. Así que hoy, regálate una amable y empática atención. Inunda de amor cada parte de ti; comprométete a no abandonarte más en nombre del “amor”, en nombre del “altruismo”, en nombre de “ser bueno”. Porque el amor no es algo que debas mendigar o ganar; es lo que irradias desde tu interior.
Jeff Foster
Fuente: Jeff Foster en español (Facebook)

25 de julio de 2017

NO PODEMOS HACER TODO ESTO JUNTOS, PERO NO PODEMOS HACER TODO ESTO SOLOS.

Soy poderoso porque estoy solo. Y nada ni nadie me importa. Soy intocable. Invencible. Auto suficiente. Completo. Lleno de amor. Una presencia no dual ilimitada. No necesito ayuda aquí.
Soy poderoso porque estoy desnudo, soy un niño precioso, un principiante, expuesto a los elementos y tan dependiente de los demás, y tan honrado por todo lo que se ofrece y todo lo que no sé y todo lo que no puedo ver y tan malditamente indefenso ante la creación, tan necesitado de Dios y de amor y de la familia y de la comunidad, estoy tan enamorado de esta unión divina. Yo estaba equivocado, también. Necesito tu ayuda aquí. Madre. Padre. Hermano. Amante. Extraño. No me abandones ahora. Acércate. Soy poderoso en mi independencia. Sin embargo soy poderoso en mi dependencia. Todos y todo en la existencia me importa, y toca mi corazón. Me mueve. Me afecta profundamente. Me rompe y luego me hace completo. Me hace humilde. Me estabiliza. Me enseña. Ya soy entero, pero necesito que el mundo me haga entero. Estoy loco de paradoja, entonces. Estoy loco de contradicción. Que así sea. No estoy confundido.
Cuando éramos jóvenes nos enseñaron que nuestras necesidades humanas naturales no importaban. O que tener necesidades era un signo de debilidad. La necesidad de amor. La necesidad de conectarnos. La necesidad de apoyo emocional. La necesidad de contacto físico. La necesidad de consuelo y calor humano, un calor que no podíamos ofrecernos a nosotros mismos. Todo era ilusión o inmadurez. Tener necesidades. Ser dependientes. Importarles a los demás. Confiar en que los demás estén allí para nosotros. Creer que los demás nos importan. ¿Cuál era el punto? "Madura", nos decían. "Deja de sentirte tan necesitado". Entonces nos convertimos en buscadores espirituales. Y nos recordaron que nuestras necesidades eran debilidad espiritual, ausencia de coraje. Un claro signo de que todavía estábamos identificados con el ego, que éramos demasiado humanos, que estábamos demasiado “apegados” al mundo y sus placeres, que estábamos demasiado atascados en la “dualidad” y sus historias, que nos sentíamos demasiado temerosos de nuestra soledad. (Todo era verdad. Y todo era una maldita mentira.) Aparentamos no tener necesidades. Pretendimos ser desapegados,  no dependientes, una isla para nosotros mismos. Fingimos que podíamos hacerlo todo solos. Que no necesitábamos apoyo. Que siempre estábamos bien, porque la vida siempre está bien, ¿de acuerdo? Sin familia. Sin amistad. Sin los “otros”. Sin un llanto humano. Sin la Tierra. Pero toda pretensión debe desmoronarse. Todo fue un engaño. Y así fue como nos rompimos y nos abrimos. Porque en última instancia era demasiado doloroso negar el corazón humano y su necesidad de intimidad, su grito para ser escuchado, atestiguado, acogido, ayudado, antes de la muerte. Y en la ruptura de todos nuestros conceptos de segunda mano, descubrimos nuestro verdadero poder: El poder que no necesita nada, que no quiere nada, y sin embargo necesita y quiere también, necesita y quiere sin disculpa o vergüenza. Estoy solo. Estoy completo. Y sin embargo, necesito apoyo. Necesito calidez. Necesito que alguien me escuche de vez en cuando. Necesito un hombro para llorar. Un toque amistoso. Un compañero confiable en el camino. Necesito un consejo. Necesito una reflexión sagrada. Otra voz. Otro universo para amar y entender y en el cual pueda perderme sin perderme. Necesito un hermano, una hermana. Necesito un amigo. Te necesito a ti. Nada me duele. Y aun así me duele. Tal vez tú también sientas dolor, a veces. ¿Te acercarás? ¿Me abrazarás aquí? ¿Y te dejarás abrazar? No podemos hacer todo esto juntos, pero no podemos hacer todo esto solos. En el medio, sí, en el fuego, podemos encontrarnos tan profundamente. No salvándonos unos a otros, pero ya sin abandonarnos por el vacío. Importándonos mutuamente ahora. Dejando entrar al otro. Encontrando seguridad en el riesgo. Tocando, y siendo tocado a cambio. Viendo, y dejándonos ver. Dándonos espacio mutuamente, también. Sin un lugar para descansar entonces, salvo en el amor, y en el aliento. Poderosos. Impotentes. Solos. Juntos.
Necesitando nada. Necesitando todo. Bailando a través de esta paradoja, día a día. Enamorados de la contradicción. Y simple... simple y sencillamente vivos.
Jeff Foster

Fuente: Facebook - Jeff Foste en español

11 de mayo de 2017

AMOR MÁS ALLÁ DEL AMOR

Ama, sabiendo que la persona a la que amas podría no estar aquí mañana, sabiendo que hoy podría ser el último día para encontrarse realmente, sabiendo que no puedes saber cómo termina la historia. Porque, ¿qué quedaría en esta vida si no tenemos nada que perder?
Preocúpate, preocúpate profundamente, preocúpate hasta que duela, preocúpate a pesar de lo que diga la gente, a pesar de las burlas y el rechazo y el riesgo de ser mal interpretado, preocúpate tanto, al grado que deje de preocuparte lo que te pueda llegar a suceder.
Sumérgete, sumérgete con toda tu voluntad, en este agridulce misterio del amor, sin saber lo que es el amor y amar de todos modos, como un tonto, como un niño fascinado, como un loco, como alguien que ha olvidado cómo ser cínico, o cómo ser discreto.
Ama hasta que tu voz se quiebre, y tu corazón se estremezca y tus piernas tiemblen, y tus filosofías se conviertan en polvo, y hasta que tu inteligencia incline su cabeza con vergüenza y reverencia.
Y serás llevado hasta los lugares más oscuros, y tu corazón será encendido en llamas por aquellos a quienes nunca fuiste capaz de abrir tu corazón, y serás recordado de lo que siempre, en secreto, supiste: que con el tiempo, olvidarás todo, excepto cómo morir, y cómo amar.
Jeff Foster

7 de mayo de 2017

¿CUÁNTA GENTE SE OFENDERÁ CONTIGO?

Porque no hiciste las cosas como ellos querían.
Porque no te comportaste como ellos pensaban que tenías que hacerlo. 
Porque no pensabas como ellos.
Porque estabas en un nivel de percepción diferente al de ellos.
Porque no tienes la misma opinión respecto a un hecho como ellos.
Porque tus creencias no cuadran con sus creencias.
Porque eres diversa y distinta a ellos.
Porque tenías otro código de valores diverso al de ellos.
Porque no cumples las expectativas que ellos depositaron en ti, 
en lugar de ponerlas en ellos.
En definitiva, todo esto reúne: se enfadan contigo porque no te pueden manipular, controlar,  o no eres como ellos consideran que TÚ tienes que SER. Por lo tanto, no te aceptan como eres. Sólo te aceptan si te conviertes en marioneta de como ellos sienten, que tú debes ser. Así que ante esto, que se ofendan sí, pero de lejitos, de bien lejitos. Nadie nació para ser marioneta de nadie.


Ana Muñoz Terapeuta
Mujer trueno.

4 de febrero de 2017

LA ADVAITA COMO EXPERIENCIA EXISTENCIAL LIBERADORA Y HEIDEGGER

¿Por qué es una experiencia liberadora nuestra vida? Porque "el juego de la Conciencia pura está siempre quemando lo ilusorio", dice el aforismo del libro advaita El secreto de la realización directa de Pratyabhijna Hridayan.
Cuando la Conciencia real toca este mundo de "representaciones", lo quema, lo aniquila. Por lo tanto, está constantemente quemando la ilusión, y eso hace que la existencia del ser humano en este mundo no pueda ser despreocupada, sino angustiosa. Vivimos en un constante fuego si nos agarramos a lo ilusorio. "Dios es un fuego abrasador", dicen las Escrituras cristianas.
Si observamos lo que sucede en nuestra conciencia superficial, vemos que todo cambia, todo se transforma y se desvanece en el tiempo. Todas las cosas, las personas, todos los contenidos de la conciencia, están cambiando, apareciendo y desapareciendo constantemente. Las cosas son los restos, las cenizas de un fuego constante.
Ver esto con la luz del discernimiento es una experiencia liberadora. Cuando se ve lo falso como falso hay liberación en nuestras vidas porque hay luz. Y la alegría que acompaña siempre a esa libertad interior es indescriptible y no se puede comparar a ninguna otra alegría.
Pero si al producirse este fuego purificador vemos lo ilusorio como real, el cambio y la disolución de las representaciones de la conciencia sin la luz del discernimiento acarrean un gran sufrimiento. Por falsa identificación de la conciencia con las apariencias, nos sentimos "lanzados a las tinieblas exteriores", como dice nuestra tradición: Allí donde se vive la tristeza, el dolor, la depresión. Esta es la angustia existencial. Heidegger lo ha descrito también, con una frase muy expresiva. Él dice que vivimos "arrojados en el mundo".
El ser humano no se siente angustiado por estar en el mundo; otros seres están en él armónicamente, se siente angustiado por estar "arrojado", "fuera de sí", identificando su conciencia con lo falso, sin ver las cosas como son, es decir, representaciones de la conciencia pura o manifestaciones del ser.
Por eso el ser humano sufre, y por eso no hay nada que le libere del sufrimiento que no sea la visión de la Verdad. Se han buscado infinitas evasiones, disfraces, para camuflar las cosas y hacer como si fuesen de verdad en el tiempo. Se ha buscado la felicidad en todos los caminos imaginables en donde no está. Y siempre la angustia ha acompañado al hombre.
Heidegger es un filósofo occidental que ha explicado esto de tal manera que es evidente que lo ha vivido. Es útil, me parece, ver su coincidencia con la filosofía advaita. La visión es idéntica, con un lenguaje, desde luego, muy diferente, sintético y simple en la filosofía hindú, analítico y complicado en la filosofía alemana.
El hombre tiene una posibilidad de elección entre "la existencia inauténtica", entre los entes, o la existencia auténtica escuchando la llamada de la conciencia, del ser.
El "Dasein" (ser humano) inauténtico vive en el tiempo, "perdido, arrojado en el mundo", no es libre. Mientras que el ser humano auténtico, el mismo constituye el tiempo a partir de la temporalidad originaria. En la aceptación de la finitud del "Dasein" está la temporalidad originaria o eternidad.
En el caso de la existencia inauténtica el hombre está fundamentado en la nada. La angustia es, pues, angustia de nada. Y esta nada es el "ser en el modo propio de la existencia inauténtica". La existencia inauténtica consiste en estar fuera de sí, agarrado a lo temporal, a lo impermanente, es vivir como si fuera un ser del tiempo, como si fuera una cosa y estuviera atado a una serie de causas y efectos en el tiempo. Cuando el ser humano vive así, su vida se transforma en lo que Heidegger llama "la cura", que él define como "un esfuerzo angustiado por vivir" 
Esto sucede así porque el ser humano no es del tiempo, sino de la Eternidad. Por eso tanto si lo percibe con claridad como si no sabe percibirlo claramente, existe una llamada constante de la Eternidad dentro de él. "El Ser en el modo auténtico de ser no dice yo, sino que es en el silencio". Es también la pantalla sobre la que se proyectan las imágenes cinematográficas. El ser es aquello sobre el fondo de lo cual aparece lo proyectado. ¿Puede experimentarse el silencio entre dos notas o puede verse la pantalla entre dos imágenes? La misma dificultad hay para vivenciar el Ser entre dos pensamientos.
El Ser en el mundo ―dice Heidegger―, cuando está abierto para sí mismo, permite ver el trasfondo del Ser a través de las proyecciones del mundo, pensamientos, imágenes. Hay un trasfondo que permanece siempre. La experiencia liberadora consiste en ser ese fondo que está detrás. La advaita intenta conducirnos de la proyección con la que nos identificamos, al trasfondo que realmente somos. Es un camino de lo que no somos y con lo que nos confundimos, a lo que somos de una manera inadvertida.
¿Podría haber música sin el silencio? Somos inconscientes de lo Real, pero está ahí siempre, y no podemos ser libres y felices hagamos lo que hagamos mientras no seamos lo que realmente somos.
¿Podemos conformarnos con ser una imagen, una proyección mental, un pensamiento? ¿Aceptamos que somos un montoncito de energía que caprichosamente se ha organizado de cierta manera? ¿No serán todas estas energías físicas o mentales llamadas del Ser?
Para llegar al Ser no es camino adecuado el cortar violentamente las energías o los pensamientos. La guerra contra los pensamientos se efectúa en el mismo nivel. No posibilita lo nuevo. El proceso de pensamiento debe seguir su curso natural, pero con una salvedad, no debo seguir ese proceso, no debo identificarme.
Ese foco de conciencia que puedo llamar "mi identidad" debe estar libre de cosas e imágenes y abierto a lo Real. La filosofía advaita explica que hay una conciencia testigo de lo Real. Y es fácil darse cuenta de que es así. Si la Conciencia fuera movimiento "conciencia de algo", simple relación o representación, como dicen tantos filósofos orientales y occidentales, ¿en ese caso quién podría ser consciencia de la conciencia? Sin un testigo permanente que se diera cuenta del proceso no podría decirse siquiera "la conciencia es cambiante". Para ver el cambio hace falta la quietud como contraste. No podría llamar cambiante a la conciencia si no hubiera algo permanente que la ve moverse. El movimiento no sabe que se mueve.
Cuando veo mis pensamientos moverse, cuando siento que nací y moriré, y seguramente ningún ser de la naturaleza puede sentirlo sino el hombre, cuando tengo esa angustia existencial que me produce el cambio y la aniquilación, es porque hay un trasfondo eterno con el que veo, una luz con la que ilumino el espectáculo.
Si me duele este cambio, esta impermanencia de las cosas, si me duele que la vida sea cambiante y efímera, si me duele estar en el tiempo "arrojado en el mundo", si me duele que las cosas y las personas desaparezcan ante mí, y que incluso yo mismo, lo que creo que soy desaparezca, es precisamente porque de alguna manera intuyo que soy eterno.
Podemos observar cualquier actividad, y sobre todo la actividad del pensamiento con la que tanto nos identificamos. Podemos verlo, mirarlo y descubrir qué hay detrás. Y si estoy constantemente identificado con la acción, cuando no me muevo, cuando no estoy actuando, ¿qué hay detrás? Sí, sigue el pensamiento, sigue el movimiento. Pero más allá del pensamiento, ¿qué hay? ¿Puedo aceptar ese silencio inmóvil que hay detrás?
Si lo hago así, empezaré a distinguir la zona donde están los pensamientos, de un estado de conciencia real, permanente y sereno, en el que el tiempo ha perdido su dominio, un estado de conciencia a partir del cual el tiempo puede ser proyectado o creado. El tiempo sigue su proceso cambiante, el tiempo es pensamiento. Por eso los pensamientos nunca pueden salir del tiempo. Pero la conciencia originaria de donde surge todo aquel movimiento permaneciendo ella inmóvil, está ahí y soy consciente de ella. Esto es una liberación, esta es la única liberación.
El momento de vivir la Verdad es una vivencia directa. Es necesario soltar las identificaciones con todos los momentos intermedios antes de la vivencia de lo Real: las sensaciones, producidas a través de los sentidos corporales, provocan pensamientos, y estos a través de imágenes mentales, despiertan emociones. El conjunto de representaciones en la conciencia es un mundo añadido que oculta lo Real.
Si fuéramos tan audaces de tomar la decisión de vivir la Verdad sin ningún intermediario, es decir, de convencernos de que somos ese trasfondo del Ser, no nos parecería tan difícil ni lejano. Es cierto que muchos agregados se han ido añadiendo como explica la advaita, en el tiempo; pero puedo vivir lo Real directamente, a pesar de todo. Puedo vivir la Verdad a pesar del pensamiento. Puedo vivirla a pesar de las sensaciones e imágenes que los sentidos crean en la mente.
Todas las tradiciones religiosas y filosóficas han dicho siempre que si el ser humano quiere descubrir lo Real, si quiere comenzar el camino de vuelta hacia la Verdad, tiene que des-identificarse del mundo de representaciones e imágenes que crea el conjunto mente-sentidos corporales.
En la vía mística de San Juan de la Cruz está explicado en tres etapas:
1) "Olvido de lo creado". Es decir, de lo que el pensamiento crea en el tiempo, a través de las imágenes de los sentidos.
2) "Recuerdo del Creador". Tomar conciencia de lo Eterno, del trasfondo de la conciencia.
3) "Atención a lo interior". Lo que indica claramente un dar la vuelta a la conciencia y volverla al origen.
Por último, expresa San Juan la vivencia de la contemplación con una sencilla y evocadora frase, aunque un poco ajena a la advaita por su carga afectiva. Dice así: "Y estarse amando al Amado".
Con ese estado contemplativo termina el movimiento de la mente. Quedarse ahí, simplemente amando o contemplando, es vivir la Verdad, y no es algo estático o pasivo, como parece, visto desde la mente condicionada, es el comienzo de los sin comienzo ni fin.
No interfiere esta contemplación ni en las actividades ni en ninguna cosa externa, ya que actúa cada una en su plano de funcionamiento, como una máquina bien dirigida y libre de obstrucciones. Nada cambia exteriormente. Sólo el apego o identificación se desvanece suave pero irremisiblemente, sin hacer ruido, transformándolo todo en luz y en libertad.
Concluiremos diciendo que si me aferro a lo limitado, sea lo que fuere, estoy perdiendo por distracción la Verdad ilimitada.
Descubrir la Verdad me libera de las limitaciones de la conciencia superficial, pero sobre todo me libera de la angustia existencial que produce el vivir lo falso. Conforme lo falso va perdiendo fuerza en mí, la libertad crece desde dentro.
Consuelo Martín

Fuente://www.advaitainfo.com/

2 de febrero de 2017

DIOS O NATURALEZA DE SPINOZA


Dios hubiera dicho:

"Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que  quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.  Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti. Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa.
Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es  en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.
Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad  fuera algo malo.
El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes  expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría. Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer.
Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada  tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un  paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito...  ¡No me encontrarás en ningún libro!
Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decir a mí como hacer mi  trabajo?
Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te critico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo. Yo soy puro amor.
Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice... yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias... de libre albedrío ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para  quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad? ¿Qué clase de dios puede hacer eso?
Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que sólo crean culpa en ti. Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti. Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía. Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.
Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro. Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.
No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única  oportunidad de disfrutar, de amar, de existir. Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di.  Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó?... ¿Te divertiste?...  ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Qué aprendiste?...
Deja de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.
Deja de alabarme, ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy? Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado, sobrecogido…? ¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.

Deja de complicarte y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí. Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas. ¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones? No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro... ahí estoy, latiendo en ti".


“La mente humana, no importa que tan entrenada esté, no puede abarcar el universo. Estamos en la posición del niño pequeño que entra a una inmensa biblioteca con cientos de libros de diferentes lenguas. El niño sabe que alguien debe de haber escrito esos libros. No sabe cómo o quién. No entiende los idiomas en los que esos libros fueron escritos. El niño percibe un plan definido en el arreglo de los libros, un orden misterioso, el cual no comprende, sólo sospecha. Esa, me parece, es la actitud de la mente humana, incluso la más grande y culta, en torno a Dios. Vemos un universo maravillosamente arreglado, que obedece ciertas leyes, pero apenas entendemos esas leyes. Nuestras mentes limitadas no pueden aprehender la fuerza misteriosa que mueve a las constelaciones. Me fascina el panteísmo de Spinoza, porque él es el primer filósofo que trata al alma y al cuerpo como si fueran uno mismo, no dos cosas separadas” Albert Einstein

26 de enero de 2017

LA EDAD NOS ENSEÑA A SER MÁS SELECTIVOS

La edad nos vuelve más selectivos y hábiles a la hora de aplicar adecuados filtros de protección. Poco a poco caen los miedos, las inseguridades caducan y aprendemos a cuidar de nuestras prioridades, a saber “quién sí y quién no”. Porque madurar es, por encima de todo, tener en cuenta lo que merecemos y luchar por ello.
Resulta curioso cómo se enfatiza muy a menudo la relación casi directa entre el número de amigos o de relaciones que tiene un individuo, para hacer una rápida predicción sobre su felicidad o su bienestar mental. Esta premisa partió sobre todo por una teoría de los años 90 que enunció el antropólogo Robin Dunbar,  y que a día de hoy se conoce como el número Dunbar.

“La edad es un tema de la mente sobre la materia: si no te importa no importa” Mark Twain

Según esta propuesta, una persona necesitaría un grupo social de al menos 15 individuos para desarrollarse con plenitud. Ahora bien, este enfoque partió en su momento de los “primates no humanos” y de su relación casi directa con el tamaño de la neocorteza cerebral. Porque en lo que se refiere a los siempre complejos “primates humanos”, es decir a nosotros mismos, el tema evidencia ya delicados matices que es conveniente aclarar. 
El número de relaciones sociales no se correlaciona directamente con la felicidad. Es la calidad de las mismas lo que nos confiere auténtico bienestar, equilibrio personal y esa satisfacción que nos permite ganar en sabiduría. A su vez, a medida que el ser humano madura, el número de relaciones sociales significativas decae para quedar reducido muy a menudo a un círculo sólido, ahí donde las interacciones favorecen una auténtica salud mental.

LA EDAD Y EL AUTOCONOCIMIENTO

Empezaremos aclarando otro dato importante relacionado con la edad. Ganar en años no significa obligatoriamente ganar en sabiduría, equilibrio y templanza. Los patrones de personalidad evolucionan, no hay duda, pero parten casi siempre de unas mismas raíces, de un mismo sustrato. Por ejemplo, el individuo de “mente cuadrada”, poco receptivo y habituado a ver el mundo con un filtro de negativisimo, no va a experimentar una súbita revolución interior solo por soplar  velas de más en su tarta de cumpleaños.
La madurez física y la madurez psicológica no son lo mismo. El propio Aristóteles sostenía que en todo rasgo de carácter hay un exceso, una carencia o una virtud que nos habrá de acompañar a medida que maduremos. Sin embargo, solo quien es capaz de practicar la bondad y el autoconocimiento gozaba, según el filósofo griego, de esa virtud con la que uno mismo será capaz conectar con la auténtica felicidad al saber qué es lo prioritario.
Es fácil de entender: dependiendo de cómo me perciba a mí mismo, entenderé el mundo que me rodea. Si yo soy tacaño, percibiré a la gente generosa como derrochadora. El defecto en mi carácter desvía mis percepciones intelectuales y emocionales. Sin embargo, quien practica ese autoconocimiento donde la bondad y el respeto son esenciales, aplicará un adecuado filtro mental donde buscar y rodearse solo de aquello que armoniza con esos principios.
Tener en nuestra vida a personas nobles, auténticas y enriquecedoras no solo garantiza el disponer de una mejor salud mental y emocional. El propio Aristóteles señalaba que la amistad basada en la virtud favorece nuestro desarrollo moral. Porque un buen amigo es alguien donde poder vernos también a nosotros mismos a través de sus ojos, para seguir invirtiendo en autoconocimiento. 

SABER A QUIÉN QUIERES Y LO QUE QUIERES NO ES SER EGOÍSTA

La vida se compone de momentos, de personas y experiencias variadas encadenadas como perlas. De nosotros depende ser selectivos y dar valor a esas piezas que, gracias a su brillo intenso, nos permiten tener una existencia más hermosa a la vez que significativa. Por ello, es necesario tener claro un dato muy concreto: ser selectivo no es ser egoísta

“Solo se vive una vez, y si lo haces bien, será suficiente” Mae West

Ganar en edad tiene muchas ventajas siempre y cuando, tengamos una mente abierta, intuitiva y que ha sabido sacar adecuadas conclusiones de las propias vivencias. Tarde o temprano, uno acaba dándose cuenta de que sobran cosas, de que nuestro equipaje personal arrastra un peso excesivo donde nos será imposible facturar esa maleta para continuar nuestro viaje a la felicidad. Madurar es por tanto aprender a aplicar filtros psicológicos y emocionales. Quien se atreve a dejar ir ciertas amistades, ciertas relaciones, costumbres y determinados entornos, no peca de soberbia, al contrario, practica un fabuloso mecanismo de supervivencia. Algo que todos sabemos es que cuando somos muy jóvenes nuestro filtro relacional no tiene límites: somos receptivos a todo e intentamos impregnarnos de cualquier cosa que nos llega. Queremos experimentar, vibrar, emocionarnos…Sin embargo, a medida que pasan los años y llegan las decepciones y los aprendizajes, entendemos que para tener una vida de calidad, “restar” personas, situaciones y actividades es necesario. Quedarnos con los que nos hace feliz es poder respirar en paz para seguir creciendo, para seguir madurando.
Alguien dijo una vez que el secreto de una vida feliz no está en correr muy rápido ni en subir muy alto. Está en saber saltar, en sortear altibajos, en encontrar refugio e inspiración en esas rocas del río de nuestras vidas donde se hallan los rincones más hermosos, las más sólidos y relucientes.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

19 de enero de 2017

FORTALEZA

No siempre tenemos que ser fuertes para ser fuertes. A veces, nuestra fortaleza se expresa siendo vulnerables. A veces, necesitamos deshacernos en pedazos para rehacernos, y seguir sobre el camino. Todos tenemos días en que no podemos empujar más duro. En que no podemos contener las dudas en nosotros mismos, en que no podemos dejar de concentrarnos en el miedo, en que no podemos ser fuertes. Hay días en que no podemos concentrarnos en ser responsables. Ocasionalmente, no queremos quitarnos el pijama. A veces, lloramos delante de los demás. Exponemos nuestro cansancio, nuestra irritabilidad o nuestra ira. No tienen nada de malo esos días. No tienen nada de malo. Parte de cuidar de nosotros mismos significa darnos permiso de "deshacernos" cuando lo necesitamos. No tenemos por qué ser torres perpetuas de fortaleza. Somos fuertes. Lo hemos probado. Seguiremos siendo fuertes aunque tengamos el valor de permitirnos sentirnos temerosos, débiles y vulnerables cuando necesitamos experimentar esos sentimientos.
Melody Beattie

13 de enero de 2017

¡REGRÉSATE, AHORA MISMO!

Si deseas ‘sentirte bien’ todo el tiempo, por favor, olvídate de despertar.Si deseas despertar, olvídate de ‘sentirte bien’. Si anhelas la cruda verdad de la existencia, por favor, prepárate para el desmoronamiento de tu status quo. Prepárate para la decepción, para la destrucción de tus sueños. Todo lo que sabes de ti se romperá en un millón de pedazos. Prepárate para permitir que una tristeza jamás imaginada, el dolor de universos lejanos, se mueva a través de ti, y penetre tu propia esencia. Y prepárate para alegrías tan insoportables que te preguntarás por qué tu corazón aún no ha estallado. Prepárate para que el amor drene tus conductos lagrimales. Prepárate para caer de rodillas una y otra vez,  en asombro, en horror, en gratitud, en la más profunda calma. Prepárate para no estar preparado nunca. Si deseas ‘sentirte bien’ todo el tiempo, si deseas placer sin dolor, alegría sin tristeza, luz sin noche, una espiritualidad que te ‘mime’,  por favor, te lo ruego: Regrésate.  ¡Regrésate, ahora mismo!
Jeff Foster

12 de enero de 2017

LA MAGIA DE SER MUJER DESPUÉS DE LOS 40

Mujer, ya no tenemos la figura de los 20 años, pues las piedras del camino han moldeado nuestro cuerpo. Nuestra mirada es cómplice, pues se ha formado durante años, permitiéndonos manejar el arte de amar a nuestros hijos, a nuestra pareja, a nuestros familiares y a nuestros amigos.
Acumulamos de manera perfecta la experiencia y la juventud, lo que nos hace dominar el arte y el manejo de nuestra esencia, sumando vida a los años que hemos disfrutado y que nos quedan por disfrutar.
Porque una mujer de más de 40 deja huella por dónde camina, haciéndose dueña de sus pasos. Siente que pisa fuerte, transmite seguridad en sí misma y ha logrado una estabilidad y un equilibrio emocional y personal que hipnotiza.

“Se necesita mucho valor para amar a las mujeres marcadas por el pasado, aquellas de carácter fuerte pero de corazón bueno. Se necesita mucho amor para curar las heridas y las desilusiones.
Pero, sobre todo, se necesita ser inteligente, porque son tan maduras y tan experimentadas que ya no creen en lo que sienten, sino en lo que estés dispuesto a hacer por ellas.” Walter Riso

MÁS DE 40 SOPLOS DE AIRE FRESCO…
Los 40 y los 50 son un momento peculiar, en el que te encuentras entre dos generaciones que ponen en evidencia lo efímero de la vida, por eso nos damos cuenta de que hay que aprovecharla y conciliar nuestros mundos. Dejas de preocuparte por lo que pasó y por el que pasará para comenzar a disfrutar de lo que está pasando.
A partir de los 40 por fin entendemos que cada persona que te encuentras tiene un papel. Algunas personas te ponen a prueba, otra te utilizan, no falta quien te ama y te enseña, pero las personas realmente importantes son las que sacan lo mejor de ti. Son y serán personas pocos comunes y extraordinarias las que te recuerdan que todo ha merecido la pena.

¿QUE CUÁNTOS AÑOS TENGO?
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos y las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada. Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas… Valen mucho más que eso.  ¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta! Lo que importa es la edad que siento.  Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos. Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.

“¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa! Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento”.
José Saramago

LA MAGIA DEL MOMENTO
Muchas mujeres de más de 40 ya se han visto en situaciones complicadas. Han podido ser renegadas y rechazadas por su sociedad. Han vivido traiciones y desengaños que las han hecho madurar. Han podido sentir en su piel el desgarro de separaciones deshonrosas, de abandonos y de menosprecios. Están forjadas en el fragor de la batalla y heridas por las flechas más inesperadas. Han cargado sobre sus espaldas gran parte del peso de la vida y, por eso, las mujeres con más de 40 han desarrollado un séptimo sentido que les permite ir más allá, mantenerse serenas y reconciliarse con la vida.

“Las mujeres de mi generación son las mejores. Y punto. Hoy tienen cuarenta y pico, y son bellas, muy bellas, pero también serenas, comprensivas, sensatas y, sobre todo, endiabladamente seductoras, esto a pesar de sus incipientes patas de gallo o de esa afectuosa celulitis que capitanea sus muslos, pero que las hace tan humanas, tan reales… Hermosamente reales.” Sharon Stone con 48 años

A modo de chiste, se dice que una mujer de 20 años puede ser atractiva, la mujer de 30 puede ser seductora pero solo después de los 40 se puede ser irresistible. Este es el resultado de una mezcla perfecta entre experiencia y juventud. De alguna manera, la mujer de más de 40 ha dado un importante paso en la búsqueda del amor, ahora se ama a sí misma mucho más que lo que lo hacía un década atrás.
No te olvides, mujer… Tienes los años que permiten mirar la vida con calma pero con el interés de seguir creciendo. Ahora es cuando el amor puede ser ardiente o un remanso de paz. Cuando puedes gritar sin miedo tus temores y hacer lo que deseas aun temiendo al fracaso. Hoy puedes Amarte, aceptarte y abrazarte, porque los años te han convertido en una persona mucho más plena, mucho más TÚ.
Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com


6 de enero de 2017

EL ARTE DE LA MEDITACIÓN

El arte de la meditación es una manera de ponerse en contacto con la realidad. Y la razón para meditar es que la mayoría de las personas civilizadas han perdido el contacto con la realidad. Confunden el mundo tal como es con el mundo tal como ellos lo piensan, tal como hablan de él y lo describen. Porque por una parte está el mundo real y por otra hay todo un sistema de símbolos ―referentes a ese mundo― que llevamos en nuestra mente. Son símbolos muy, muy útiles; toda la civilización depende de ellos. Pero, como todas las cosas buenas, tienen sus desventajas, y la principal desventaja de los símbolos es que los confundimos con la realidad, de la misma manera que confundimos el dinero con la auténtica riqueza y nuestro nombre, la idea y la imagen que tenemos de nosotros mismos, con nosotros.
Por cierto que, desde el punto de vista de un filósofo, "realidad" es una palabra peligrosa. Un filósofo me preguntará qué quiero decir al hablar de "realidad". ¿Estoy hablando del mundo físico de la naturaleza, de un mundo espiritual o de qué? Tengo una respuesta muy simple: cuando hablamos del mundo material usamos, de hecho, un concepto filosófico. De la misma manera, si decimos que la realidad, en sí misma, no es un concepto. La realidad es ... (sonido de un gong). Y no le daremos nombre.
Es asombroso todo lo que no existe en el mundo real. Por ejemplo, en el mundo real no hay cosas ni hay sucesos. ¡Lo cual no significa que el mundo real sea un vacío totalmente informe y sin interés! Significa que es un maravilloso sistema de danzas y vibraciones en medio del cual vislumbramos cosas y sucesos, de la misma manera que proyectamos imágenes sobre una mancha del Rorschach o escogemos en el cielo determinados grupos de estrellas y los llamamos constelaciones. Pues bien, en la visión de nuestra mente y en nuestro sistema de conceptos hay grupos de estrellas, pero no están allá fuera, como constelaciones ya agrupadas en el cielo. De la misma manera, la diferencia entre cada uno de nosotros y el resto del universo no es más que una idea, no una verdadera diferencia. La meditación es un camino por el cual llegamos a sentir nuestra inseparabilidad básica de la totalidad del universo. Lo que es cesariano para eso es que nos callemos, que nos silenciemos interiormente e interrumpamos la cháchara interminable que nos resuena dentro del cráneo.
La mayor parte de nosotros pensamos de manera compulsiva durante todo el tiempo; hablamos con nosotros mismos. Si todo el tiempo estoy hablando, no oigo lo que alguien tenga que decirme. Exactamente de la misma manera, si pienso todo el tiempo, es decir, si estoy continuamente hablando conmigo mismo, no tengo nada en qué pensar, a no ser pensamientos, ideas. Por ende, estoy viviendo totalmente en el mundo de los símbolos sin estar jamás en relación con la realidad. Y quiero ponerme en contacto con la realidad: ésa es la razón básica para la meditación.
Hay otra razón, pero es un poco más difícil de entender. Podríamos decir que la meditación no tiene una razón o que no tiene un propósito. En ese aspecto no se parece a casi ninguna otra cosa de las que hacemos, salvo, quizás, a tocar música y a bailar. Al tocar música no lo hacemos con el propósito de llegar a cierto punto, digamos el final de la composición. Si tal fuera el propósito de la música, es evidente que los ejecutantes más rápidos serían los mejores. Tampoco cuando bailamos nos proponemos llegar a un determinado lugar del suelo, como cuando hacemos un viaje. Cuando bailamos, la meta es el viaje mismo, tal como cuando tocamos música, la meta es tocar. Y exactamente lo mismo es válido para la meditación. La meditación es el descubrimiento de que siempre estamos llegando en el momento inmediato a la meta de la vida.
Por consiguiente, si uno medita por un motivo ulterior, es decir, por una mejora mental o del carácter, para ser más eficiente en la vida, tiene los ojos puestos en el futuro y no está meditando. El futuro es un concepto ¡algo que no existe! ¡No hay nada que sea "mañana"! Ni jamás lo habrá, porque el tiempo es siempre ahora. Esa es una de las cosas que descubrimos cuando dejamos de hablar con nosotros mismos y dejamos de pensar. Nos encontramos con que no hay más que un presente, únicamente un eterno ahora.
Cuando uno medita no lo hace por ninguna razón, en absoluto, a no ser por el placer de hacerlo. Y aquí enunciaría el principio fundamental de que la meditación ha de ser grata; no es algo que se hace como un penoso deber. El problema de la religión actual es que está enormemente mezclada con deberes y obligaciones temibles y desagradables. Cosas que se hacen porque "son buenas para uno". Es una especie de auto-castigo. La meditación, cuando se practica correctamente, no tiene nada que ver con eso; es una especie de comprensión y disfrute del presente, una suerte de fascinación ante el eterno ahora, que nos conduce a un estado de paz en el que podemos entender que el sentido de la vida, el ámbito donde se da, es simplemente aquí y ahora.

Fuente: Alan Watts. Nueve meditaciones

2 de enero de 2017

ELLA ESTÁ LOCA.

La locura de la loca linda que hace lo que le nace sin molestar a nadie más que al que se ofende al ver en ella la libertad que en si no encuentra ni tiene. La locura de la loca autentica que dice lo que siente y es frontal sin tratar de controlar lo que el otro piensa y cree. La locura de la loca de amor que aunque no le devuelvan lo que espera sigue dando sin temor a quedarse vacía porque se sabe entera. La locura de la que ve grandeza en las pequeñas cosas porque no olvida que en cada insignificancia crea efectos para sus causas. La sana locura de la que sabe vivir en libertad animándose a saltar más allá de lo conocido por haberle quedado chica esta realidad. La locura de la que no se somete obsecuentemente a los prejuicios de la masa y se atreve a ver qué pasa cuando decide contar su verdad.
Ese tipo de locura es el que busco y siembro en mí y celebro con reverencia a aquellos que la hayan podido encontrar.
Alejandra Baldrich

18 de noviembre de 2016

UNA CARTA PARA VINCENT VAN GOGH

Me hubiera encantado conocerte, Vincent. Haber estado allí contigo, en ese umbral donde lo sin forma se convierte en forma, haber estado allí en ese precipicio vertiginoso en el que penetramos la vida y somos penetrados a cambio, sin protección, sin respuestas. El campo que todo verdadero artista conoce, teme y al que se siente atraído; del que huye, y al que termina regresando porque no tiene otra opción más que formar parte de él. El campo en el que el yo y el mundo y los otros se disuelven y donde sólo hay girasoles de amarillo brillante y campos de trigo bailando y cielos relucientes estallando con estrellas y estruendosos océanos pintados de añil y blanco y cada sombra teñida de verde y sin un sitio para llamar a casa, excepto allí, en el ver mismo. Un mundo al borde de las lágrimas, al borde de las estrellas, sin alguien que pueda entender, excepto el que deja de intentarlo.
El ver. ¡El ver! ¡A un pelo de la locura, a un pelo del éxtasis! Me hubiera gustado abrazarte ahí, amigo mío. Recordarte que estabas a salvo. Que tu soledad era sagrada y que tu desesperación no era vergonzosa y que incluso tus fantasías e impulsos secretos más oscuros no eran un error, no eran una maldita equivocación o un signo de tu fracaso o prueba de tu enfermedad o el testimonio de que no estabas destinado para este mundo. No, tus defectos humanos no eran nada menos que arte, el arte futuro, como lo llamaste, donde el campesino es rey y el momento más ordinario contiene toda la inmensidad. El arte futuro de ver cada maldita sombra de nuestra imperfecta humanidad como una expresión de la divinidad, la misma divinidad que infundió esos campos de trigo en los que desapareciste por días enteros, pintando, pintando siempre, pintando para siempre. Tus sentimientos eran girasoles también, tu alegría y tu dolor eran tan inmensos y llenos de vida como esos cielos estrellados y océanos, todos estallando con color y luz y un movimiento estremecedor, y todas las sensaciones extrañas surgiendo a través de tu cuerpo, todos los traumas que jamás te atreviste a tocar, fueron hermosos, también, Vincent, y no una amenaza. Para mí, de todos modos. Y para muchos otros que recorren este extraño camino del despertar. Tuviste una familia que nunca conociste. Ojalá nos hubiéramos conocidoEn un campo de trigo en Auvers, una fresca tarde de verano perdiste toda esperanza, o tal vez intuiste una esperanza tan vasta e inalcanzable que finalmente rompió tu espíritu y te disparaste en el pecho con un revólver y dos días más tarde, en una pequeña habitación en el ático, tu corazón se detuvo y te volviste infinito. O el infinito te llevó de vuelta a tus amados campos de trigo, pero ahora inseparable de ellos: de regreso a la luz, de regreso a la madre, de regreso a Casa, y encontraste el más profundo tipo de descanso que jamás conociste en tu corta vida. En esa pequeña habitación te rodearon de girasoles y dalias amarillas y tus últimas pinturas, y lloraron y recordaron, y ninguna iglesia habría podido contenerte de todos modos.Tenías entonces 37 años. 
Oh, no creo que hayas estado loco. Me parece que estabas demasiado vivo para este mundo. Te sentiste conmovido hasta las lágrimas por los pajares y los comedores de patatas, por las prostitutas y las raíces de los árboles. Creo que viste tan profundo y tan vívidamente y no encontraste ningún hogar aquí porque te sentías constantemente desgarrado por esa doble atracción del cielo y la tierra y tal vez nadie te enseñó cómo aceptarte a ti mismo en la misma forma en que tú aceptabas la luz siempre cambiante sobre esos pajares.
Oh. Me hubiera gustado conocerte, amigo. Eso es todo.
Gracias por tu coraje. Gracias por ayudarnos a ver. Gracias por los girasoles, los lirios, los campos de trigo, el almendro, las noches estrelladas.
Jeff Foster 

Fuente: Jeff Foster en español (Facebook)

8 de noviembre de 2016

LOS HOMBRES NO SON SIMPLES, SON CONCRETOS.

Con frecuencia, las mujeres son injustas en la apreciación general que hacen de los hombres. En muchos sentidos se sienten «por encima» del varón, piensan que son más intuitivas, más sensibles, que analizan los hechos con mayor objetividad, que están acostumbradas a esforzarse más, a tener que luchar para conseguir las cosas, que son más responsables y, en cierta medida, más inteligentes. 
Es verdad que el hombre es menos intuitivo, pero no es menos sensible, lo que ocurre es que su sensibilidad es diferente; tampoco es cierto que analice los hechos con menor objetividad, lo hace de otra forma, incluso más estructurada y más racional; lo de esforzarse más o menos depende de cada persona. A veces confundimos conceptos, y lo decimos porque las chicas suelen tener mejor expediente académico —salvo en asignaturas donde la organización espacial sea clave—, pero eso no quiere decir que sean más inteligentes, simplemente, tal y como está ahora especializado su cerebro, tienen un poco más fácil el acceso y comprensión de muchos aprendizajes, pues el área clave para entender la mayoría de las materias es el lenguaje (tanto oral como escrito), y esa área la tienen más desarrollada las mujeres. Sobre el tema de la responsabilidad, de nuevo tendríamos mucho que analizar.
Las mujeres, por su naturaleza, son las que se quedaban y se quedan embarazadas; las que se encargaban, y en su inmensa mayoría se siguen encargando, del cuidado de los hijos, y este cuidado exige mucha especialización, mucha atención, determinada sensibilidad y, por supuesto, mucha responsabilidad. Cuando tienes en tus manos la vida de un ser tan indefenso como es un niño cuando nace, no te puedes permitir irresponsabilidades, porque pueden terminar en muerte.
Los hombres, por su parte, hasta hace poco tiempo se encargaban de otros menesteres —considérese que cien o doscientos años en la vida de la humanidad es como un segundo, un pequeño instante—. En sus tareas debían desarrollar mucha fuerza, gran resistencia física, buena organización espacial (especialmente en el tema de las guerras y en la caza) y un sentido práctico muy arraigado.
Ellos no podían entretenerse, tenían que actuar, y lo debían hacer con extrema rapidez, pues de lo contrario otros podían terminar con su vida.
Su sensibilidad también debía ser distinta a la de la mujer, pues sus cometidos eran diferentes. Si en cierta medida no se hubieran hecho más duros, no habrían soportado la crueldad de sus misiones, incluso la injusticia de las mismas; les habría vencido el tiempo que debían permanecer fuera de sus hogares, el desgarro de sus seres queridos. Ya hemos comentado que, al igual que el choque de una ola contra la roca termina produciendo en ésta una huella indeleble, también los miles de años haciendo una determinada actividad marcan una especialización en el cerebro de las personas. Los hombres están acostumbrados a analizar a partir de la realidad, o de hechos que evidencian una realidad. No les pidamos que sean intuitivos, es ir contra su base biológica. Podemos pedirles que intenten ser más flexibles, más abiertos, que piensen que hay otras realidades al margen de las que ellos ven, pero no les pidamos imposibles. Estos hechos, por ejemplo, nos explican por qué un hombre no se da cuenta de una emoción hasta que ésta es visible; cuando ven que una mujer llora, se percatan de que está triste, antes podían pensar que estaba rara. Algo parecido les ocurre con los niños, casi nunca se adelantan a sus crisis, éstas les estallan, y les cuesta comprender qué les ocurre, qué está pasando dentro de ellos. Por el contrario, aquí la mujer tiene más ventaja, pero repetimos, no porque sea más sensible, sino porque está preparada para ello después de miles de años observando a la prole y ocupándose de su cuidado. Una de las cosas que las mujeres más critican en los hombres es que éstos son incapaces de hacer dos cosas a la vez, y es verdad, sucede así porque el cerebro del hombre está especializado, está dividido en secciones y configurado para centrarse en una tarea específica. Por eso a ellos les da tanta rabia cuando les interrumpimos; si están leyendo no nos pueden escuchar o ver simultáneamente la televisión. Lo mismo les pasa cuando están en medio de la relación sexual, la mujer necesita hablar y quiere que le hablen mientras hace el amor; al hombre le resulta muy difícil hablar mientras tiene relaciones. El cerebro de la mujer tiene una configuración diferente; de tal forma que es capaz de hacer a la vez cosas que no tienen nada que ver entre sí, y su cabeza siempre está activa. Puede estar manteniendo una conversación, cocinando y viendo la tele. De nuevo esta circunstancia no significa que el hombre sea limitado y la mujer tenga más recursos; de la misma forma que tampoco significa que la mujer sea muy dispersa y no consiga centrarse en una cosa, que es el argumento que a veces utilizan algunas mentes que podríamos denominar «machistas».
Lo mismo ocurre con el tema de los problemas. El hombre debía ir resolviéndolos sobre la marcha, lo contrario podría resultar muy peligroso para él; por el contrario, la mujer podía analizarlos, y debía hacerlo, para atender perfectamente las distintas necesidades que iban surgiendo en sus hijos, a medida que éstos crecían.
Al ser distinta la naturaleza de los problemas que tenían hombres y mujeres, también debían ser diferentes sus mecanismos de respuesta y afrontamiento.
Como ya hemos señalado, los problemas que les surgían a los hombres podían ser vitales para su vida, por lo que requerían toda su atención; por eso se concentraban al máximo, desconectándose de todo aquello que les pueda distraer y perjudicar. El vestigio que aún tienen los hombres de esas costumbres es que ellos siguen concentrándose y aislándose cuando intentan solucionar algo, por eso cuando están estresados, lo primero que necesitan es desconectarse del mundo.
De ahí que les resulte tan difícil entender cómo las mujeres se empeñan en distraerles en esos momentos, y como ellas, en lugar de aislarse cuando están en una situación parecida, expresan lo que les preocupa.
Para ellos las mujeres hablan demasiado y no van al grano; además «te cuentan los problemas, y cuando quieres ofrecerles soluciones, se enfadan contigo». Hoy en día, las mujeres siguen analizando y necesitan hablar de lo que les preocupa, y además pueden hablar y escuchar simultáneamente; los hombres no, ellos necesitan intentar resolver y pasar página, por eso se dice que «el hombre archiva los problemas al final de la jornada».
En consecuencia: Ni el hombre es simple ni la mujer complicada, son diferentes y complementarios. Gracias a esas diferencias la humanidad ha seguido su curso. Lo que ocurre ahora es que en pocos años, apenas en dos siglos, ha tenido lugar una evolución increíble, que se ha realizado a un ritmo vertiginoso. No sólo nos estamos refiriendo a la evolución de los conocimientos, sino también al cambio tan profundo en las costumbres.
Algunos podrían pensar que los hombres se han quedado un poco descolgados en esta evolución, y que, por el contrario, las mujeres han sabido adaptarse con más rapidez. Hombres y mujeres evolucionan, y lo hacen en la medida en que pueden hacerlo. A veces parecerá que uno ha tomado la delantera, pero ese análisis es parcial; una visión global nos llevaría a una conclusión más razonable: la evolución y el desarrollo son imposibles sin la participación de hombres y mujeres. En ocasiones puede parecer que unos tienen más protagonismo que otros, la realidad es que nunca podría hacerse sin la intervención de los dos. Recordemos que no siempre lo que resulta más visible es lo más importante. Si los hombres no fueran más concretos, las mujeres no podrían ser más abstractas.
En el fondo, cuando una mujer conoce la psicología masculina encuentra fácilmente la explicación a la mayoría de las conductas de su pareja; aunque ya hemos dicho que la comprensión no debe significar, forzosamente, aceptación.
Las conductas del varón, ésas que tanto pueden desconcertar a las mujeres cuando desconocen los mecanismos que las impulsan, en realidad tienden a repetirse una y otra vez, de tal forma que no resulta complicado adelantarse a ellas. 
Los hombres no son simples, son concretos, y las mujeres no son pesadas y se entretienen dando vueltas a las cosas, son más abstractas, tienen más intuición y observan mejor.
Fuente: Formarse.com
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