Mostrando entradas con la etiqueta Mujeres sabias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mujeres sabias. Mostrar todas las entradas

2 de enero de 2017

ELLA ESTÁ LOCA.

La locura de la loca linda que hace lo que le nace sin molestar a nadie más que al que se ofende al ver en ella la libertad que en si no encuentra ni tiene. La locura de la loca autentica que dice lo que siente y es frontal sin tratar de controlar lo que el otro piensa y cree. La locura de la loca de amor que aunque no le devuelvan lo que espera sigue dando sin temor a quedarse vacía porque se sabe entera. La locura de la que ve grandeza en las pequeñas cosas porque no olvida que en cada insignificancia crea efectos para sus causas. La sana locura de la que sabe vivir en libertad animándose a saltar más allá de lo conocido por haberle quedado chica esta realidad. La locura de la que no se somete obsecuentemente a los prejuicios de la masa y se atreve a ver qué pasa cuando decide contar su verdad.
Ese tipo de locura es el que busco y siembro en mí y celebro con reverencia a aquellos que la hayan podido encontrar.
Alejandra Baldrich

8 de septiembre de 2016

EL PROPÓSITO ESPIRITUAL DE LA MENOPAUSIA.

Durante las primeras etapas de la menopausia, algunas mujeres experimentan un periodo de duelo que parece interminable. Este duelo es una faceta de un poderoso proceso emocional de muerte y renacimiento.
¿Y por qué la mujer debe pasar por un duelo durante esta fase de su vida? Experimenta un duelo porque muere psicológicamente y llora una pérdida porque suelta el dolor del mundo a través de su útero. Si renuncia a identificarse con su fertilidad, con ser madre, amante, esposa, secretaria, artista, recepcionista, mujer menstruante, conectará cada vez más profundamente con el misterio intemporal de su propia fuente interna.

La mujer es un insondable océano de Amor, un eterno manantial de devoción hacia la fuente de su Diosa interior. En el fondo de su corazón desea de forma natural vivir en consonancia con este lugar de amor devoto. Pero demasiado a menudo se ve obligada a abandonar su santuario infinito de oscuridad lunar femenina para entrar en la deslumbradora claridad solar del externo sueño mundano masculino. Su realidad reside en la receptividad interna esencialmente yin. No es la de la existencia, de los relojes, del tiempo y de las estructuras lineales; sino que su realidad es innatamente cíclica, ovular, circular, espiral. Cuando la mujer está demasiado ligada al mundo exterior de las creencias irreales en torno a la menopausia, no puede abrazar conscientemente el gozo y la libertad que hallaría si, en aquel momento, entrase profundamente en su cuerpo.
Aunque el periodo menopáusico significa un final, también ofrece la expansiva libertad de los nuevos comienzos. Si la mujer se cree la tergiversación de la sociedad moderna según la cual la menopausia es el fin de su vida como mujer real, sufrirá. Por eso pasa por un proceso de duelo. Sufre porque el mundo moderno no honra su poder gentil y misterioso, sufre porque sabe, desde el fondo de su corazón, que ser mujer es mucho más que la superficialidad de la sociedad contemporánea.

Durante la transición menopáusica, su universo interno de oscuridad la atrae suavemente, gentilmente, profundamente y a menudo tumultuosamente hacia sí. En la mitología antigua, la mujer era la seductora sirena del mar que cantaba dulcemente a los náufragos para seducirlos y llevárselos hacia las oscuras cavernas de sus profundidades oceánicas. Nuestra civilización actual, la civilización que ignora el poder emergente de las mujeres menopáusicas, no puede captar su profundidad, porque prospera en las aguas superficiales de la irrealidad.
Cuando el dolor del amor insatisfecho entra en su útero, sucede a menudo que la mujer suprime el dulce perfume de su esencia, para poder enfrentarse al mundo exterior. Puesto que eso requiere una fuerza ajena a su ritmo cíclico femenino, crea un caparazón duro y, al mismo tiempo frágil, que esconde su vulnerabilidad y gentil fuerza.

Durante el viaje de la menopausia, la  mujer se desprende de muchos dolores reprimidos, de forma que su sabiduría amorosa puede resplandecer a lo largo de esta fase de la vida que le concede la capacidad de realizar tantas cosas. Mientras, durante esta purificación única, la sabia y amorosa conciencia interna de su útero busca la liberación, la mujer a menudo derramará lágrimas de dolor y pena por la pérdida de todo lo que nunca más podrá ser.
Desde que empezó a menstruar, su profunda relación con el cuerpo ha cabalgado de forma innata y fluida con el ritmo cíclico de las fases de las mareas, las estaciones y la luna. Como su amada madre tierra, la mujer experimenta eternamente un ciclo infinito de nacimiento, muerte y renovación. Cada mes es nutrida y colmada por la sabiduría de su ciclo menstrual, y cada mes potencialmente profundiza más en el misterio de su ser. Lágrimas de amor, de nostalgia y de remordimiento a menudo afloran desde una pena profunda que ha formado parte del espíritu femenino durante siglos. Si se trata de una madre que ha puesto todo el amor en sus hijos, puede que ahora debe enfrentarse a la realidad de un nido y un corazón vacíos, ahora que sus niños han crecido de golpe, han desplegado sus alas y han volado. Ahora bien, en el interior de su vacuidad tiene, esperándola, el tesoro. En el silencio y la calma tiene, esperándola, el poder. En el desahogo de su duelo tiene, esperándola, el gozo y la luz radiante.
¿Por qué se lamenta, pues, la mujer? Se lamenta porque esta pérdida inexplicable parece casi insoportable. Aún no sabe que las bendiciones que recibirá serán abundantísimas, porque antes debe experimentar el vacío. Se lamenta porque no ha sido reconocida, comprendida ni amada. Y cuando la preciosa copa, el cáliz sagrado de su útero, se haya vaciado del duelo, empezará a prepararse para una vida de sabiduría y de paz llena de gracia. Empezará a llenar su copa con la riqueza abundante de nuevas bendiciones.
Si se trata de una mujer que no ha sentido nunca la madurez de su útero a punto de dar a luz, que no ha sentido fluir dulce leche de sus pechos, que no ha sostenido sus criaturas dulcemente cerca del corazón y las ha nutrido hasta la madurez, quizás ahora lamenta que, irrevocablemente, nunca será madre. Nada puede parar este lamento, porque ahora es el momento en que debe desbordarse hasta que haya disuelto todo lo que inhibe el nacimiento de su sabiduría, su poder y su libertad.

¿Por qué, querida mujer, sufres tanto? En realidad no has perdido nada, porque no tiene nada que perder. Sin embargo, ahora debes sufrir, porque es una parte necesaria de la sabiduría que ha de nacer en ti. Sufres porque estás soltando todo lo que en ti es irreal. Sufres porque estás soltando todo los apegos a los roles externos y a los éxitos que has tenido. Sufres porque ya no sabes quién eres. Sufres por todas tus amadas hermanas, el amoroso poder de las cuales ha sido reprimido e ignorado durante siglos.
Sufres porque eres una mujer que ha vivido en un mundo dominado por los machos. Sufres porque anhelas que a las profundidades de tu útero llegue, tiernamente, y apasionadamente, un hombre que está demasiado ocupado pensando, haciendo y viajando a otros planetas para parar un momento y amarte a ti y a tu venerada madre tierra.
El proceso de duelo de la mujer durante la menopausia es una purificación que limpia el lastre del pasado que hay en su corazón, cuerpo, espíritu y mente. Las aguas purificadoras de sus lágrimas la obsequian con un sentido profundo de gozo, fuerza y libertad. Su nueva vida no puede emerger plenamente hasta que suelte conscientemente todo aquello que no pueda acarrear en su viaje de poder y sabiduría.
La mujer sufre un duelo porque ha acumulado capas de pensamientos, emociones y creencias que no corresponden a lo que ella es verdaderamente. El duelo consiste en desprenderse de aquello que no es real en su cuerpo, en su corazón y en su psique. El duelo es la puerta de entrada de la sabiduría, el poder y la libertad.

Texto: Roslyne Sophia Breillart
Traducción: Eulàlia Pàmies y Sophia Style
Fuente:http://www.corazondeluna.com/


20 de abril de 2015

¡OJO CON ELLAS!

"Ojo con ellas…andan por ahí, con su atrevido miedo, lindas, leídas, viajadas, sensibles. Ojo con ellas. Vienen de cerrar una puerta con decisión, pero sin olvido. Amaron, construyeron, parieron, cumplieron.
Amaron a su hombre, dieron alas a sus crías y ahora, desentumecieron las suyas: ¡ahí estaban! intactas, brillantes, soberbias, majestuosas, listas para el vuelo: no ya las de un hornero, sí las de una gaviota, soberana y curiosa. Saben de la vida y de tu hambre porque con su cuerpo han sabido saciarlas. Expertas en estupidez y sus matices: se reconocieron inmersas en ella hasta el estupor y soportaron mucho hasta el dolor; sabrán distinguirlas, no lo dudes. Versadas en economía, la aplican en el gesto, en el andar y en su exacta sensualidad. Ojo con sus caderas sabias: ya se estiraron y contrajeron, se estremecieron y agitaron.
Saben del Amor, en todos sus colores, desde el rojo resplandor al mustio gris. Sus piernas fuertes arrastran raíces todavía. Prontas a sentir, van con una vieja canción en los labios, profunda intensidad en la mirada y delicada seguridad en la sonrisa. Pero, si esta advertencia es tardía, y descubres que ya no puedes dejar de pensar en ellas, entonces, ten cuidado de ahora en más, no te equivoques, no lo arruines: no les envíes un mensaje de texto, mejor invítalas un café con tiempo; no recurras al email, preferirán sin duda un poema en servilleta. No les hagas promesas, no les vendas imágenes, mejor exhibe tu autenticidad más despojada. No caigas, por rellenar, en aturdido ruido vacuo, deja que respire un silencio en común. Vienen de quemar las naves y cambiar comodidad indolente por riesgo vital. Avanzan por un camino incierto, pero elegido. En sus carteras, fotos, un perfume y algunas lágrimas. En sus miradas, una decisión...Ojo con ellas… tal vez, si tienes suerte, haya una en tu camino"
Jorge Eduardo Cinto






7 de octubre de 2014

SI QUIERES CAMBIAR EL MUNDO AMA A UN HOMBRE.

Si quieres cambiar el mundo AMA A UN HOMBRE y acepta su mano y guíala suavemente hacia el fondo de tu corazón donde él pueda sentir tu calidez y descansar y quemar su pesada carga en tu fuego. Míralo a los ojos encuentra a sus padres y abuelos y esas guerras donde sus espíritus lucharon en tierras lejanas en tiempos remotos. Encuentra sus dolores y peleas y tormentos y culpas sin juicio y déjalo todo ir suéltalo, siente su carga ancestral, lo que busca es un refugio seguro en ti, déjalo derretirse en su firme mirada sabiendo que no necesitas espejar esa furia, porque tienes útero, una puerta profunda y dulce para lavar y renovar viejas heridas. Si quieres cambiar el mundo ama a un hombre; realmente ámalo.
Siéntate delante de él en la plena majestuosidad de tu femineidad en el aliento de tu vulnerabilidad, en el juego de tu infantil inocencia, en las profundidades de tu muerte.
Invítalo a florecer, suavemente entregada y permite que su poder masculino de un paso hacia ti y nadar juntos en el útero de la tierra en silencioso saber y cuando se retire porque lo hará, escapando asustado a su cueva, reúne a tus abuelas en torno a ti, envueltas en su sabiduría, escucha sus tiernos susurros calmando tu asustado corazón infantil, invitándote a la quietud y esperar pacientemente su retorno, siéntate y canta junto a su puerta, una canción de remembranza, de que puede calmarse una vez más.
Si quieres cambiar el mundo ama un hombre realmente amalo. No engañes a su pequeño niño con astucias y artimañas y seducción y brujería, sólo para dejarlo atrapado en una red destructiva de caos y odio más terrible que todas las guerras que pelearon sus hermanos, eso no es femenino, es venganza, es el veneno del linaje corrupto del abuso de las eras, de la violación de nuestro mundo, eso no le da poder a la mujer, sino que la reduce mientras lo castra y nos mata a todos y si su madre no lo pudo sostener muéstrale una verdadera mujer ahora dale sostén y guíalo con tu gracia y profundidad ardiendo en el centro mismo de la Tierra.
No lo castigues por sus heridas que no responden a tus necesidades o a tus criterios, llora dulces ríos por él, lleva toda esa sangre de regreso a casa.
Amalo hasta desnudarte y sentirte libre Amalo hasta abrir tu cuerpo y alma al ciclo de nacimiento y muerte. Y agradécele la oportunidad. Mientras danzan juntos a través de furiosos vientos y bosques silenciosos. Sé tan valiente como para ser frágil y déjalo beber de los suaves y embriagadores pétalos de tu ser.
Déjale saber que puede sostenerte, pararse y protegerte. Déjale caer en sus brazos confiando que puede tomarte. Aún si te han dejado caer miles de veces antes, enséñale a rendirse…rindiéndote y únete al dulce vacío del corazón del mundo.
Si quieres cambiar el mundo… Ama a un hombre; realmente AMALO.
Anímalo, nútrelo, permítele, escúchalo, dale sostén, dale sanación y tú a cambio serás nutrida, sostenida y protegida. Sé brazos fuertes y pensamientos claros y flechas apuntadas. Porque él puede, si lo dejas ser todo lo que sueñas.

Si quieres AMAR a un hombre, ÁMATE a ti misma, AMA a tu padre, AMA a tu hermano, a tu hijo, a tu ex pareja, AMA desde el niño a quien has besado por primera vez…

Lauren Wilce

7 de febrero de 2014

PLEGARIA DE GRATITUD.

Para todas las mujeres maduras y sagaces que están aprendiendo cuando es el momento justo para decir su verdad y no callar, o callar cuando el silencio es más fuerte que las palabras.
Para todas las mujeres que están llegando a la madurez, que están aprendiendo a ser gentiles cuando sería más fácil ser crueles, que saben poder herir cuando la situación lo reclama con un corte neto y preciso, que se están ejercitando a decir toda la verdad con toda piedad.
Para todas aquellas que violan las convenciones y estrechan la mano de los extranjeros saludándolos como si los hubieran visto crecer y los conocieran desde siempre.
Para todas aquellas que están aprendiendo a sacudir los huesos, remover las aguas, y la cama, pero también a aplacar la tempestad.
Para aquellas que custodian el aceite de las lámparas, que mantienen la calma en la vida cotidiana.
Para aquellas que perpetúan los rituales, que recuerdan como encender el fuego con un simple hilo y un sílice.
Para aquellas que recitan las antiguas plegarias, que recuerdan los símbolos, las formas, las palabras, las melodías, las danzas, y aquello que los ritos, en otro tiempo, buscaban aplacar.
Para aquellas que bendicen con frecuencia y con gusto a los demás.
Para aquellas mujeres maduras que no tienen miedo, o que si lo tienen, deciden de todos modos accionar con determinación.
Por ellas... que tengan una larga vida, en fuerza y en salud desplegando todas las velas de su inmenso espíritu.

Clarissa Pinkola Estés
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...