Mostrando entradas con la etiqueta Fragilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fragilidad. Mostrar todas las entradas

25 de julio de 2017

NO PODEMOS HACER TODO ESTO JUNTOS, PERO NO PODEMOS HACER TODO ESTO SOLOS.

Soy poderoso porque estoy solo. Y nada ni nadie me importa. Soy intocable. Invencible. Auto suficiente. Completo. Lleno de amor. Una presencia no dual ilimitada. No necesito ayuda aquí.
Soy poderoso porque estoy desnudo, soy un niño precioso, un principiante, expuesto a los elementos y tan dependiente de los demás, y tan honrado por todo lo que se ofrece y todo lo que no sé y todo lo que no puedo ver y tan malditamente indefenso ante la creación, tan necesitado de Dios y de amor y de la familia y de la comunidad, estoy tan enamorado de esta unión divina. Yo estaba equivocado, también. Necesito tu ayuda aquí. Madre. Padre. Hermano. Amante. Extraño. No me abandones ahora. Acércate. Soy poderoso en mi independencia. Sin embargo soy poderoso en mi dependencia. Todos y todo en la existencia me importa, y toca mi corazón. Me mueve. Me afecta profundamente. Me rompe y luego me hace completo. Me hace humilde. Me estabiliza. Me enseña. Ya soy entero, pero necesito que el mundo me haga entero. Estoy loco de paradoja, entonces. Estoy loco de contradicción. Que así sea. No estoy confundido.
Cuando éramos jóvenes nos enseñaron que nuestras necesidades humanas naturales no importaban. O que tener necesidades era un signo de debilidad. La necesidad de amor. La necesidad de conectarnos. La necesidad de apoyo emocional. La necesidad de contacto físico. La necesidad de consuelo y calor humano, un calor que no podíamos ofrecernos a nosotros mismos. Todo era ilusión o inmadurez. Tener necesidades. Ser dependientes. Importarles a los demás. Confiar en que los demás estén allí para nosotros. Creer que los demás nos importan. ¿Cuál era el punto? "Madura", nos decían. "Deja de sentirte tan necesitado". Entonces nos convertimos en buscadores espirituales. Y nos recordaron que nuestras necesidades eran debilidad espiritual, ausencia de coraje. Un claro signo de que todavía estábamos identificados con el ego, que éramos demasiado humanos, que estábamos demasiado “apegados” al mundo y sus placeres, que estábamos demasiado atascados en la “dualidad” y sus historias, que nos sentíamos demasiado temerosos de nuestra soledad. (Todo era verdad. Y todo era una maldita mentira.) Aparentamos no tener necesidades. Pretendimos ser desapegados,  no dependientes, una isla para nosotros mismos. Fingimos que podíamos hacerlo todo solos. Que no necesitábamos apoyo. Que siempre estábamos bien, porque la vida siempre está bien, ¿de acuerdo? Sin familia. Sin amistad. Sin los “otros”. Sin un llanto humano. Sin la Tierra. Pero toda pretensión debe desmoronarse. Todo fue un engaño. Y así fue como nos rompimos y nos abrimos. Porque en última instancia era demasiado doloroso negar el corazón humano y su necesidad de intimidad, su grito para ser escuchado, atestiguado, acogido, ayudado, antes de la muerte. Y en la ruptura de todos nuestros conceptos de segunda mano, descubrimos nuestro verdadero poder: El poder que no necesita nada, que no quiere nada, y sin embargo necesita y quiere también, necesita y quiere sin disculpa o vergüenza. Estoy solo. Estoy completo. Y sin embargo, necesito apoyo. Necesito calidez. Necesito que alguien me escuche de vez en cuando. Necesito un hombro para llorar. Un toque amistoso. Un compañero confiable en el camino. Necesito un consejo. Necesito una reflexión sagrada. Otra voz. Otro universo para amar y entender y en el cual pueda perderme sin perderme. Necesito un hermano, una hermana. Necesito un amigo. Te necesito a ti. Nada me duele. Y aun así me duele. Tal vez tú también sientas dolor, a veces. ¿Te acercarás? ¿Me abrazarás aquí? ¿Y te dejarás abrazar? No podemos hacer todo esto juntos, pero no podemos hacer todo esto solos. En el medio, sí, en el fuego, podemos encontrarnos tan profundamente. No salvándonos unos a otros, pero ya sin abandonarnos por el vacío. Importándonos mutuamente ahora. Dejando entrar al otro. Encontrando seguridad en el riesgo. Tocando, y siendo tocado a cambio. Viendo, y dejándonos ver. Dándonos espacio mutuamente, también. Sin un lugar para descansar entonces, salvo en el amor, y en el aliento. Poderosos. Impotentes. Solos. Juntos.
Necesitando nada. Necesitando todo. Bailando a través de esta paradoja, día a día. Enamorados de la contradicción. Y simple... simple y sencillamente vivos.
Jeff Foster

Fuente: Facebook - Jeff Foste en español

9 de marzo de 2014

LA FUERZA DE LA FRAGILIDAD.

Fragilidad no es sinónimo de inferioridad. La naturaleza está nutrida por pequeños habitantes frágiles capaces de adaptarse con una habilidad más efectiva que las criaturas más grandes. Hojas, telas de araña, flores, y pequeños animales… pueden llegar a ser enormemente resistentes gracias a una valiosa particularidad: son flexibles, son receptivos y se adaptan a los medios donde se desarrollan.
¿Qué lección podemos tomar las personas de la propia naturaleza? Hoy en día apenas hay espacio para esta palabra “fragilidad”, asociada normalmente a la debilidad, a no saber encajar en un mundo donde se sobrevalora la prisa, la fuerza, la competitividad y un objetivo único: la superioridad sobre el resto para encontrar mayores beneficios.
Pero ¿son realmente felices las personas aparentemente fuertes y poderosas? ¿O sentirán quizá un vacío inexplicable en sus mentes y corazones?

LA NECESIDAD DE MOSTRARNOS FUERTES
Es casi una imposición. Mostrar capacidad y fortaleza no solo en nuestros trabajos, sino también en nuestra vida personal. En ocasiones preferimos vestirnos con una máscara de autosuficiencia, desde donde poder esconder nuestras emociones y sentimientos. Sin dolor, una vida inocua desde donde aparentar estar bien. Pero la realidad es que todos estos esfuerzos en ocasiones originan grandes caídas. Nos mostramos en ocasiones de un modo diferente a como somos en realidad, creando “apariencias vacías”. No todos los fuertes son felices, ni débiles las personas frágiles.
Un error de nuestra sociedad es a veces pensar que lo único que necesitamos para sobrevivir es desarrollar la fortaleza en nosotros mismos y en nuestros hijos. Ser superiores intelectualmente, obtener logros. Obtener victorias. Conseguir que los niños sean resistentes emocionalmente y que guarden sus lágrimas lo antes posible para madurar. Si orientamos a las personas únicamente hacia la obtención del logro y hacia la resistencia, es muy probable que ante la primera decepción, la primera derrota, caigan de inmediato al no saber de qué modo afrontar las adversidades. Entre la fortaleza y la resistencia también debe existir otro término igual de importante: flexibilidad y adaptación.
Una piedra nunca logrará ser flexible, pero pensemos en algo increíblemente frágil, algo apenas perceptible como lo es por ejemplo una tela de araña…

¿FORTALEZA O FRAGILIDAD?

Recordemos una vez más que no hay que confundir fragilidad natural con debilidad física, moral o emocional. La fragilidad es una tendencia, un modo de ver la vida y a uno mismo. Significa saber escuchar, sentir y comprender. Es también un recurso propio de la naturaleza mediante el cual poder desarrollarse y crecer, ser un poco más sensible hacia nuestra realidad exterior comprendiendo primero nuestro universo interior. 
Es verdad que puede resultar complejo quitarnos esa armadura diaria en la que nos vestimos para hacer frente al mundo y del cual protegernos, pero quizá deberíamos hilar ambas tendencias para encontrar un equilibrio. En nuestro interior todos tenemos miedos e inquietudes que nos esforzamos en ocultar de algún modo, tal vez, mediante la fragilidad podríamos ser un poco más conscientes de ellas para entenderlas y afrontarlas, para ser un poco más receptivos…
Cuando las adversidades nos alcancen, siempre será mejor recibirlas con equilibrio y flexibilidad. Si actuamos de forma férrea y resistente es probable que nos cueste mucho más asumirlas, entenderlas y afrontarlas. Tal vez deberíamos dar un giro de conciencia y valorizar un poco más el sentido de la fragilidad y el grandísimo poder que se encierra este sencillo concepto.

Valeria Sabater.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...