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6 de enero de 2017

EL ARTE DE LA MEDITACIÓN

El arte de la meditación es una manera de ponerse en contacto con la realidad. Y la razón para meditar es que la mayoría de las personas civilizadas han perdido el contacto con la realidad. Confunden el mundo tal como es con el mundo tal como ellos lo piensan, tal como hablan de él y lo describen. Porque por una parte está el mundo real y por otra hay todo un sistema de símbolos ―referentes a ese mundo― que llevamos en nuestra mente. Son símbolos muy, muy útiles; toda la civilización depende de ellos. Pero, como todas las cosas buenas, tienen sus desventajas, y la principal desventaja de los símbolos es que los confundimos con la realidad, de la misma manera que confundimos el dinero con la auténtica riqueza y nuestro nombre, la idea y la imagen que tenemos de nosotros mismos, con nosotros.
Por cierto que, desde el punto de vista de un filósofo, "realidad" es una palabra peligrosa. Un filósofo me preguntará qué quiero decir al hablar de "realidad". ¿Estoy hablando del mundo físico de la naturaleza, de un mundo espiritual o de qué? Tengo una respuesta muy simple: cuando hablamos del mundo material usamos, de hecho, un concepto filosófico. De la misma manera, si decimos que la realidad, en sí misma, no es un concepto. La realidad es ... (sonido de un gong). Y no le daremos nombre.
Es asombroso todo lo que no existe en el mundo real. Por ejemplo, en el mundo real no hay cosas ni hay sucesos. ¡Lo cual no significa que el mundo real sea un vacío totalmente informe y sin interés! Significa que es un maravilloso sistema de danzas y vibraciones en medio del cual vislumbramos cosas y sucesos, de la misma manera que proyectamos imágenes sobre una mancha del Rorschach o escogemos en el cielo determinados grupos de estrellas y los llamamos constelaciones. Pues bien, en la visión de nuestra mente y en nuestro sistema de conceptos hay grupos de estrellas, pero no están allá fuera, como constelaciones ya agrupadas en el cielo. De la misma manera, la diferencia entre cada uno de nosotros y el resto del universo no es más que una idea, no una verdadera diferencia. La meditación es un camino por el cual llegamos a sentir nuestra inseparabilidad básica de la totalidad del universo. Lo que es cesariano para eso es que nos callemos, que nos silenciemos interiormente e interrumpamos la cháchara interminable que nos resuena dentro del cráneo.
La mayor parte de nosotros pensamos de manera compulsiva durante todo el tiempo; hablamos con nosotros mismos. Si todo el tiempo estoy hablando, no oigo lo que alguien tenga que decirme. Exactamente de la misma manera, si pienso todo el tiempo, es decir, si estoy continuamente hablando conmigo mismo, no tengo nada en qué pensar, a no ser pensamientos, ideas. Por ende, estoy viviendo totalmente en el mundo de los símbolos sin estar jamás en relación con la realidad. Y quiero ponerme en contacto con la realidad: ésa es la razón básica para la meditación.
Hay otra razón, pero es un poco más difícil de entender. Podríamos decir que la meditación no tiene una razón o que no tiene un propósito. En ese aspecto no se parece a casi ninguna otra cosa de las que hacemos, salvo, quizás, a tocar música y a bailar. Al tocar música no lo hacemos con el propósito de llegar a cierto punto, digamos el final de la composición. Si tal fuera el propósito de la música, es evidente que los ejecutantes más rápidos serían los mejores. Tampoco cuando bailamos nos proponemos llegar a un determinado lugar del suelo, como cuando hacemos un viaje. Cuando bailamos, la meta es el viaje mismo, tal como cuando tocamos música, la meta es tocar. Y exactamente lo mismo es válido para la meditación. La meditación es el descubrimiento de que siempre estamos llegando en el momento inmediato a la meta de la vida.
Por consiguiente, si uno medita por un motivo ulterior, es decir, por una mejora mental o del carácter, para ser más eficiente en la vida, tiene los ojos puestos en el futuro y no está meditando. El futuro es un concepto ¡algo que no existe! ¡No hay nada que sea "mañana"! Ni jamás lo habrá, porque el tiempo es siempre ahora. Esa es una de las cosas que descubrimos cuando dejamos de hablar con nosotros mismos y dejamos de pensar. Nos encontramos con que no hay más que un presente, únicamente un eterno ahora.
Cuando uno medita no lo hace por ninguna razón, en absoluto, a no ser por el placer de hacerlo. Y aquí enunciaría el principio fundamental de que la meditación ha de ser grata; no es algo que se hace como un penoso deber. El problema de la religión actual es que está enormemente mezclada con deberes y obligaciones temibles y desagradables. Cosas que se hacen porque "son buenas para uno". Es una especie de auto-castigo. La meditación, cuando se practica correctamente, no tiene nada que ver con eso; es una especie de comprensión y disfrute del presente, una suerte de fascinación ante el eterno ahora, que nos conduce a un estado de paz en el que podemos entender que el sentido de la vida, el ámbito donde se da, es simplemente aquí y ahora.

Fuente: Alan Watts. Nueve meditaciones

13 de septiembre de 2015

¡ENCIENDE TU LUZ HASTA EL 11!

Cuando alguien te insulta, o te reduce a una cosa, cuando te dan un consejo que no solicitaste, cuando te echan la culpa por su dolor, cuando no te escuchan, y sólo hablan de ellos mismos, cuando te comparan con los demás, cuando te ignoran, invalidan, juzgan o se burlan de tus pensamientos y sentimientos.
Detente. Respira.
Recuerda que es su dolor, no el tuyo. Recuerda que ellos están soñando el único sueño que pueden soñar hasta que despierten. Recuerda que no te conocen a ti, sólo a su propia fantasía.
Tal vez a ellos les resulte demasiado difícil amarse a sí mismos. Tal vez ellos busquen su valía en el exterior. Tal vez ellos estén desconectados de su aliento, de su cuerpo, de su preciosa vitalidad, de su verdadera vocación. Tal vez ellos viven en un mundo dualista donde hay bueno y malo, correcto e incorrecto, éxito y fracaso. Tal vez ellos olvidaron la simple alegría de vivir. Tal vez tú entiendas esto. Tal vez tú has estado donde ellos han estado.
No trates de cambiarlos ahora. Quizás nunca cambien. No intentes corregirlos. Ellos no están pidiendo ser corregidos.  Cuanto más presiones, más se alejarán de ti. No te enredes en su urdimbre de tristezas. Ve con claridad, incluso ten compasión, pero no presiones.
Está bien que ellos se sientan molestos. En verdad que sí. Dales espacio para que se sientan molestos. Está bien que se sientan decepcionados de ti. Dales espacio para que se sientan decepcionados. Está bien que te juzguen. Abre un espacio para sus juicios, también.
¡Dale cabida a tus propios pensamientos y sentimientos!
Permítete sentirte triste, enojado, culpable, desconfiado. Deja que todas esas valiosas energías te bañen por dentro. No te harán daño, si les permites moverse. Sí, conocerás a muchos guardianes en este viaje.
Recorre tu camino de todos modos, y permite que los demás recorran el suyo. No tienes que justificar tu camino, ni defenderlo. Mantente cerca de ti mismo en estos tiempos difíciles. No luches contra la oscuridad; no tiene ningún poder de todos modos. Simplemente enciende tu luz hasta el 11.
Jeff Foster
Fuente: Jeff Foster en español (Facebook)




27 de mayo de 2015

ETERNO AMAR.

Y comprendió que hay personas que brillan sin ser estrella, y que hay silencios que separan, sin ser kilómetros. Que la vida es un poquito así, sin sentido, pero que nos desesperamos por darle uno. Un sentido, con nombre y apellidos, a ser posible. Un sentido que nos abrace por las noches y que no se vaya al vernos las cicatrices: que las comparta con nosotros.
Comprendió que enamorarse era una necesidad tan importante como respirar, y que, al igual que moría si no respiraba, también lo hacía, aunque de distinta forma, si no amaba. Pensaba eso del amor. Y también pensaba que las personas se habían acostumbrado a maquillarse los sentimientos, porque tenían miedo de que alguien llegase y les hiciese daño. Y es que no hay nada peor que alguien te rompa lo más bonito que tienes, es decir, las razones de sonreír, los sueños, las esperanzas. Que te quite las ganas. Así que nos vestimos con un poquito de orgullo, y lo miramos todo desde la distancia, tanteando el precipicio antes de saltar, porque si vamos a morir, queremos morir por alguien que sepa llorarnos.
Y sobre el desamor (o cuando sientes cosas bonitas por alguien que ya está sintiendo cosas bonitas por otro) pensaba que, a veces, es inevitable. Y que, ojalá, pudiésemos elegir de quién enamorarnos, y hacerlo de aquella persona que supiese querernos. Pero las cosas, por desgracia, no son así. Y muchas veces (más de las que me gustaría) terminamos padeciendo insomnio por alguien que, además, e irónicamente, nos hace soñar.
Y luego terminó hablando sobre la capacidad de olvidarnos de las personas, y sobre la naturaleza de los recuerdos, diciendo que la mejor forma de olvidar a alguien que nos duele recordar es llegando a la conclusión de que no merecemos eso, de que merecemos algo más. De que merecemos sangrar por alguien que, luego, venga a curarnos. De que la vida no es tan larga, ni dura tanto, como para estar perdiendo el tiempo esperando trenes que ya han pasado. De que hay que sonreírle a los amaneceres, independientemente de que llueva e independientemente de que compartamos cama con la soledad. Que las cosas llegan cuando menos las esperas, y que si siempre las estás esperando, sólo tardan en llegar un poquito más. Pero llegan, tarde o temprano. Y entonces dijo: "Sigo queriendo a toda la gente a la que he querido en mi vida, pero sólo Amo con esa urgencia en la mirada a la esperanza de que, un día, y qué más da cuándo, Amaré a alguien y será para siempre".
Sergio Carrión

7 de mayo de 2015

TRENZAR LA TRISTEZA.

“Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiera triste lo mejor que podía hacer era trenzarse el cabello, de esta manera el dolor quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del cuerpo; había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos pues los haría llover, tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios pues los obligaría a decir cosas que no eran ciertas. Que no se meta entre tus manos- me decía- porque puedes tostar de más el café o dejar cruda la masa. Y es que a la tristeza le gusta el sabor amargo. Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello; atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar cuando el viento del norte pegue con fuerza. Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, es fuerte como las raíces del ahuehuete y suave como la espuma del atole. Que no te agarre desprevenida la melancolía mi niña, aun si tienes el corazón roto o los huesos fríos por alguna ausencia. No la dejes meterse en ti con tu cabello suelto, porque fluirá en cascada por los canales que la luna ha trazado entre tu cuerpo. Trenza tu tristeza, decía, siempre trenza tu tristeza…Y mañana que despiertes con el canto del gorrión la encontrarás pálida y desvanecida entre el telar de tu cabello.” 

Paola Klug, La Pinche Canela
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