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11 de enero de 2018
1 de enero de 2018
NÚMERO 11 - AÑO NUMEROLÓGICO DE LA TIERRA 2018
Así como cada uno de
nosotros, según nuestra fecha exacta de nacimiento tenemos un año personal
numerológico, así mismo la tierra tiene uno, cuyas vibraciones nos acompañan
desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre
y nos afectan a todos, no tan directamente como nuestro año personal específico
(a menos que también sea un número 11),
pero todos los otros números lo deben tener en cuenta porque quieran o no, van
a estar influenciados por algunas de las características de esta vibración, conocer la vibración 11 les ayudará a armonizarse, sincronizarse y tener la sabiduría de integrarla
amorosamente a su cotidianidad.
Vibración
11
= Incambiable, Transmutación y transformación, apertura de consciencia y
enseñanza. Sabiduría, paz interior, conocimiento de leyes universales. Gurú.
Protección. Todos los números maestros son sinónimos de luz interior y
simbolizan las mejores cualidades del número base. El 11 es una vibración que
trasciende los límites de la mentalidad y el comportamiento humano. Es un reto
que exige niveles de conducta muy elevada y severa que no les permite olvidar
que ante todo y sobre todo se deben a los demás. Bajo la vibración 11 se debe tratar
de mantener actitud de calma y aceptación pase lo que pase. Consiste en ser
inspiración de los demás para generar en ellos una verdadera transformación
espiritual. Capacidad inventiva y habilidad para desarrollar nuevas formas de
pensamiento. Puede hacerlo como docente, filósofo, inventor, psicólogo o líder
espiritual o religioso, transmitiendo lo que capta en su espíritu. De no
lograrlo, puede desarrollar su misión como el número 2.
El año 11 te
obliga a hacer una profunda introspección sobre cómo se ha desarrollado tu vida
hasta este momento. Tendrás la necesidad de buscar un camino diferente ya sea
profesional o espiritualmente. Sentirás que las ideas y pensamientos fluyen
constantemente por tu cabeza, en ocasiones hasta el punto de inquietarte o
agobiarte, esto pasa porque la energía del año 11 te está empujando a
tomar decisiones.
Es tu momento de evolucionar,
de dar el siguiente paso y transmitir a los demás tu sabiduría interior, los
cuestionamientos personales estarán presentes en muchos momentos de tu año,
ahora la vida te empuja no solo a darles respuesta a todos tus interrogantes,
sino también a concretar acciones para enfrentarlos y crecer como persona.
Este ciclo está lleno de
inspiración, aprovecha esta vibración para crear tu propio método ya que ahora
las cosas se darán en gran escala. Deberás estar preparado para contraer
mayores responsabilidades y consciencia de tus acciones, la vibración maestra
del año 11, hace posible la realización de tus ideales sobre todo
cuando se impulsan ideas de beneficio social e interés comunitario, es tu
momento de hacer cosas que trasciendan.
La clave para transitar de
forma positiva este año será tratar de encontrar el aprendizaje que nos aporta
cada situación, sin rebelarnos ante aquellas cosas que no podemos modificar,
sino más bien tomando una actitud más elevada frente a las mismas. Toda
disciplina de aprendizaje o enseñanza tradicional, metafísica o espiritual nos
ayudará a lograrlo. Es el momento de encontrarte con tu verdadero Ser Interno y
de integrarlo plenamente a tu vida en total consciencia. Es tiempo para
florecerte interiormente, para alcanzar la iluminación y la realización a nivel
espiritual.
Es un año benéfico para
las artes en general, el trabajo espiritual o de ayuda a los demás, el interés
en grupos con metas sociales, la enseñanza y escritura de tus ideas, para
formalizar negocios o grandes contratos y cualquier tema relacionado a lo
espiritual y metafísico.
En un año 11, la vida
te prepara una de las más grandes lecciones de tu ciclo, así que busca el ¿para
qué? de los acontecimientos que estás viviendo, encuentra el significado y
resuélvelo de la mejor manera, el hacerlo de forma correcta te llevara más allá
de tus fronteras, este es un año para trascender y evolucionar.
CLAVES
PARA TRANSITAR EL AÑO 11:
Año para tomar decisiones
importantes y hacer cambios profesionales y personales. Gran oportunidad de
compartir tus ideas, conocimientos y habilidades con otros. Tiempo en el cual
tus palabras e ideas inspiran e impresionan, se concretaran en cualquier
proyecto que elijas, prepárate para aterrizar este año 11 todo lo que traes en
la cabeza. Momento en la vida en la que te verás forzado a tomar decisiones,
analiza y reflexiona muy bien las cosas antes de hacerlo.
Recuerden:
"Yo soy la intuición despierta en mí que
me eleva y transforma. Yo soy mi expansión infinita."
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12 de enero de 2017
LA MAGIA DE SER MUJER DESPUÉS DE LOS 40
Mujer,
ya no tenemos la figura de los 20 años, pues las piedras del camino han
moldeado nuestro cuerpo. Nuestra mirada es cómplice, pues se ha formado
durante años, permitiéndonos manejar el arte de amar a nuestros hijos, a
nuestra pareja, a nuestros familiares y a nuestros amigos.
Acumulamos
de manera perfecta la experiencia y la juventud, lo que nos hace dominar
el arte y el manejo de nuestra esencia, sumando vida a los años que hemos
disfrutado y que nos quedan por disfrutar.
Porque una
mujer de más de 40 deja huella por dónde camina, haciéndose dueña de sus pasos. Siente
que pisa fuerte, transmite seguridad en sí misma y ha logrado una estabilidad y
un equilibrio emocional y personal que hipnotiza.
“Se
necesita mucho valor para amar a las mujeres marcadas por el pasado, aquellas
de carácter fuerte pero de corazón bueno. Se necesita mucho amor para curar las
heridas y las desilusiones.
Pero,
sobre todo, se necesita ser inteligente, porque son tan maduras y tan
experimentadas que ya no creen en lo que sienten, sino en lo que estés
dispuesto a hacer por ellas.” Walter Riso
MÁS DE 40 SOPLOS DE AIRE
FRESCO…
Los
40 y los 50 son un momento peculiar, en el que te encuentras entre dos
generaciones que ponen en evidencia lo efímero de la vida, por eso nos damos
cuenta de que hay que aprovecharla y conciliar nuestros mundos. Dejas de
preocuparte por lo que pasó y por el que pasará para comenzar a disfrutar de lo
que está pasando.
A
partir de los 40 por fin entendemos que cada persona que te
encuentras tiene un papel. Algunas personas te ponen a prueba, otra te
utilizan, no falta quien te ama y te enseña, pero las personas realmente
importantes son las que sacan lo mejor de ti. Son y serán personas pocos
comunes y extraordinarias las que te recuerdan que todo ha merecido la pena.
¿QUE CUÁNTOS AÑOS TENGO?
Tengo
la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir
creciendo.
Tengo
los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos y las
ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo
los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse
en el fuego de una pasión deseada. Y otras un remanso de paz, como el
atardecer en la playa.
¿Qué
cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados,
las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas… Valen mucho
más que eso. ¡Qué importa si cumplo
veinte, cuarenta, o sesenta! Lo que importa es la edad que siento. Tengo los años que necesito para vivir libre
y sin miedos. Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la
experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.
“¿Qué
cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa! Tengo los años necesarios para
perder el miedo y hacer lo que quiero y siento”.
José
Saramago
LA MAGIA DEL MOMENTO
Muchas
mujeres de más de 40 ya se han visto en situaciones complicadas. Han
podido ser renegadas y rechazadas por su sociedad. Han vivido traiciones y
desengaños que las han hecho madurar. Han podido sentir en su piel el desgarro
de separaciones deshonrosas, de abandonos y de menosprecios. Están forjadas en
el fragor de la batalla y heridas por las flechas más inesperadas. Han
cargado sobre sus espaldas gran parte del peso de la vida y, por eso,
las mujeres con más de 40 han desarrollado un séptimo sentido que les permite
ir más allá, mantenerse serenas y reconciliarse con la vida.
“Las
mujeres de mi generación son las mejores. Y punto. Hoy tienen cuarenta y pico,
y son bellas, muy bellas, pero también serenas, comprensivas, sensatas y, sobre
todo, endiabladamente seductoras, esto a pesar de sus incipientes patas de
gallo o de esa afectuosa celulitis que capitanea sus muslos, pero que las hace
tan humanas, tan reales… Hermosamente reales.” Sharon Stone con 48 años
A
modo de chiste, se dice que una mujer de 20 años puede ser atractiva, la
mujer de 30 puede ser seductora pero solo después de los 40 se puede ser
irresistible. Este es el resultado de una mezcla perfecta entre
experiencia y juventud. De alguna manera, la mujer de más de 40 ha dado un
importante paso en la búsqueda del amor, ahora se ama a sí misma mucho más
que lo que lo hacía un década atrás.
No
te olvides, mujer… Tienes los años que permiten mirar la vida con calma pero
con el interés de seguir creciendo. Ahora es cuando el amor puede ser ardiente
o un remanso de paz. Cuando puedes gritar sin miedo tus temores y hacer lo que
deseas aun temiendo al fracaso. Hoy puedes Amarte, aceptarte y
abrazarte, porque los años te han convertido en una persona mucho más plena,
mucho más TÚ.
Fuente:
https://lamenteesmaravillosa.com
6 de enero de 2017
EL ARTE DE LA MEDITACIÓN
El arte de la meditación
es una manera de ponerse en contacto con la realidad. Y la razón para meditar
es que la mayoría de las personas civilizadas han perdido el contacto con la
realidad. Confunden el mundo tal como es con el mundo tal como ellos lo piensan,
tal como hablan de él y lo describen. Porque por una parte está el mundo real y
por otra hay todo un sistema de símbolos ―referentes a ese mundo― que llevamos
en nuestra mente. Son símbolos muy, muy útiles; toda la civilización depende de
ellos. Pero, como todas las cosas buenas, tienen sus desventajas, y la
principal desventaja de los símbolos es que los confundimos con la realidad, de
la misma manera que confundimos el dinero con la auténtica riqueza y nuestro
nombre, la idea y la imagen que tenemos de nosotros mismos, con nosotros.
Por cierto que, desde el
punto de vista de un filósofo, "realidad" es una palabra peligrosa.
Un filósofo me preguntará qué quiero decir al hablar de "realidad".
¿Estoy hablando del mundo físico de la naturaleza, de un mundo espiritual o de
qué? Tengo una respuesta muy simple: cuando hablamos del mundo material usamos,
de hecho, un concepto filosófico. De la misma manera, si decimos que la
realidad, en sí misma, no es un concepto. La realidad es ... (sonido de un
gong). Y no le daremos nombre.
Es asombroso todo lo que
no existe en el mundo real. Por ejemplo, en el mundo real no hay cosas ni hay
sucesos. ¡Lo cual no significa que el mundo real sea un vacío totalmente
informe y sin interés! Significa que es un maravilloso sistema de danzas y
vibraciones en medio del cual vislumbramos cosas y sucesos, de la misma manera
que proyectamos imágenes sobre una mancha del Rorschach o escogemos en el cielo
determinados grupos de estrellas y los llamamos constelaciones. Pues bien, en
la visión de nuestra mente y en nuestro sistema de conceptos hay grupos de
estrellas, pero no están allá fuera, como constelaciones ya agrupadas en el
cielo. De la misma manera, la diferencia entre cada uno de nosotros y el resto
del universo no es más que una idea, no una verdadera diferencia. La meditación
es un camino por el cual llegamos a sentir nuestra inseparabilidad básica de la
totalidad del universo. Lo que es cesariano para eso es que nos callemos, que
nos silenciemos interiormente e interrumpamos la cháchara interminable que nos
resuena dentro del cráneo.
La mayor parte de nosotros
pensamos de manera compulsiva durante todo el tiempo; hablamos con nosotros
mismos. Si todo el tiempo estoy hablando, no oigo lo que alguien tenga que
decirme. Exactamente de la misma manera, si pienso todo el tiempo, es decir, si
estoy continuamente hablando conmigo mismo, no tengo nada en qué pensar, a no
ser pensamientos, ideas. Por ende, estoy viviendo totalmente en el mundo de los
símbolos sin estar jamás en relación con la realidad. Y quiero ponerme en
contacto con la realidad: ésa es la razón básica para la meditación.
Hay otra razón, pero es un
poco más difícil de entender. Podríamos decir que la meditación no tiene una
razón o que no tiene un propósito. En ese aspecto no se parece a casi ninguna
otra cosa de las que hacemos, salvo, quizás, a tocar música y a bailar. Al
tocar música no lo hacemos con el propósito de llegar a cierto punto, digamos
el final de la composición. Si tal fuera el propósito de la música, es evidente
que los ejecutantes más rápidos serían los mejores. Tampoco cuando bailamos nos
proponemos llegar a un determinado lugar del suelo, como cuando hacemos un
viaje. Cuando bailamos, la meta es el viaje mismo, tal como cuando tocamos
música, la meta es tocar. Y exactamente lo mismo es válido para la meditación.
La meditación es el descubrimiento de que siempre estamos llegando en el
momento inmediato a la meta de la vida.
Por consiguiente, si uno
medita por un motivo ulterior, es decir, por una mejora mental o del carácter,
para ser más eficiente en la vida, tiene los ojos puestos en el futuro y no
está meditando. El futuro es un concepto ¡algo que no existe! ¡No hay nada que
sea "mañana"! Ni jamás lo habrá, porque el tiempo es siempre ahora.
Esa es una de las cosas que descubrimos cuando dejamos de hablar con nosotros
mismos y dejamos de pensar. Nos encontramos con que no hay más que un presente,
únicamente un eterno ahora.
Cuando uno medita no lo
hace por ninguna razón, en absoluto, a no ser por el placer de hacerlo. Y aquí
enunciaría el principio fundamental de que la meditación ha de ser grata; no es
algo que se hace como un penoso deber. El problema de la religión actual es que
está enormemente mezclada con deberes y obligaciones temibles y desagradables.
Cosas que se hacen porque "son buenas para uno". Es una especie de
auto-castigo. La meditación, cuando se practica correctamente, no tiene nada
que ver con eso; es una especie de comprensión y disfrute del presente, una
suerte de fascinación ante el eterno ahora, que nos conduce a un estado de paz
en el que podemos entender que el sentido de la vida, el ámbito donde se da, es
simplemente aquí y ahora.
Fuente: Alan Watts. Nueve
meditaciones
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27 de abril de 2015
LOS SÍNTOMAS SON EL LENGUAJE DEL ALMA.
A
lo largo de nuestra vida tenemos que afrontar determinadas situaciones
generadoras de tensiones y conflictos. Además hay una serie de acontecimientos
que son especialmente estresantes, como la muerte de la pareja, la separación y
el divorcio, el fallecimiento de seres queridos, los despidos o reajustes en el
trabajo y la jubilación. Lo que tienen
en común todas estas circunstancias es que nos obligan a adaptarnos, nos
apremian para que aceptemos los cambios que conllevan, lo que implica, por una
parte, incorporar algo nuevo −que de entrada nos da miedo− y, por otra, dejar
que se vaya algo que conocemos −que aunque doloroso resulta a la vez
tranquilizador.
Frente
a los cambios reaccionamos no sólo según nuestra personalidad, más o menos
adaptable, flexible y tolerante, sino también a partir de un sistema de
creencias que interiorizamos fundamentalmente durante la infancia. Personalidad y creencias constituyen
estructuras mentales que a menudo se sienten amenazadas ante los cambios, y
como consecuencia se da cierto rechazo y resistencia a ellos. Así, frente a
una circunstancia vital especialmente compleja, unida a una falta de recursos
internos y ciertas dificultades para adaptarse a ella el ser humano puede
generar toda una serie de síntomas, físicos y/o psicológicos, que desde una
perspectiva integradora pueden verse como una voz desde el interior que busca
ser escuchada.
Por
lo general, una persona decide iniciar un proceso terapéutico porque su
malestar empieza a ser tan acentuado que se ve «obligada» a pedir ayuda, a
buscar a alguien que pueda proporcionarle alivio a sus síntomas y luz en su
camino. A veces, esa petición llega incluso mucho después de haber soportado
durante un largo período esa oscuridad o sufrimiento existencial. En efecto,
taquicardias, temblores, ansiedad, opresión en el pecho, sobrepeso, alergias,
problemas digestivos o un estado depresivo son manifestaciones físicas,
síntomas que reclaman atención, que se dejan sentir de manera que a la persona
cada vez le resulta más difícil vivir haciendo caso omiso de ellos y sin
escuchar lo que siente su alma. Porque hay ocasiones en que el alma se queja,
protesta y reclama atención. Necesita que la escuchen, aunque algunos intentan
hacer lo posible por no tenerla en cuenta.
En
verdad no podemos vivir desconociendo nuestras heridas, necesidades y deseos
más profundos sin que ello acarree consecuencias. Vivir en la inconsciencia
genera sufrimiento. Curiosamente, los síntomas indican la dirección de lo que
el alma anhela, pero también aquello de lo que nos defendemos, a lo que nos
resistimos con ahínco. Cabría preguntarse entonces: « ¿Qué estoy tratando de
evitar?», « ¿De qué me protejo?».
En
un sentido amplio del término, los síntomas, sean cuales sean y por extraño que
parezca, siempre tienen una intención positiva para quien los sufre. Su sentido es cumplir diferentes funciones
para la persona, y así, por ejemplo, sirven para ayudarnos a evitar ciertas
cosas y para protegernos de otras, e incluso buscan obtener lo que uno no se
atreve a pedir. El entramado de síntomas tiene múltiples significados, pero
su finalidad primordial es sernos de utilidad. Porque en última instancia, los
síntomas los genera uno mismo, aunque creamos que nos son ajenos y por ello
queramos hacerlos desaparecer.
Un
síntoma siempre tiene un significado, es un indicador luminoso que atrae
nuestra atención y nos informa de que algo está sucediendo. Es tan útil como el
pilotillo que se enciende en el coche para avisarnos de que hace falta gasolina
o aceite. Los síntomas indican una disfunción, la existencia de cierto malestar
interior, dolor y sufrimiento. Podría
afirmarse que es la voz del alma que se queja, a la hay que prestar atención y
aprender a escuchar. En un plano orgánico, el síntoma es la expresión
física de lo que falta en la conciencia, pero la información se halla en la
sombra, en el inconsciente, y la persona carece de acceso a ella. Para entender
su mensaje y hacerlo consciente es importante analizar el momento de aparición
del síntoma, lo que nos proporciona una información relevante: sucesos,
sentimientos, pensamientos y fantasías. Y preguntarse: « ¿Qué me impide llevar a cabo este síntoma?», « ¿A qué me obliga?», «
¿Cuál podría ser su intención positiva?», « ¿Qué me quiere hacer ver?».
La depresión es un intento
de que se establezca una conexión o comunicación más profunda con el alma, con
la totalidad del Ser. Es una bajada a los «infiernos» personales, una parada
del ritmo de la vida cotidiana para escucharse, un «no hacer» para enterarse de
lo que sucede en el interior. La persona necesita estar
en contacto consigo misma, volverse hacia dentro, encapsularse como la
crisálida de una mariposa para llegar a tocar fondo. Hasta cierto punto, es necesario
aceptar y respetar este proceso, cual animal que lame sus heridas para que
sanen.
La
depresión proporciona el momento de detenerse y revisar, un espacio para la
elaboración de pérdidas y un tiempo para conectar con el alma. Uno se desactiva, se apea de la vida y se
entrega a un abandono autocompasivo. La depresión puede desempeñar un papel
necesario en el proceso de individuación, un tiempo para madurar, profundizar y
reflexionar en pos de la búsqueda de una nueva filosofía de vida. Esa necesidad
de aislamiento, silencio y soledad tal vez sea un rito de pasaje, una muerte y
resurrección, una transición hacia una reconstrucción interior desde la
disolución de viejas perspectivas. El vacío del abismo puede
proporcionar sabiduría interior, la aceptación de los propios límites y de la
realidad tal cual es, y, como resultado, un sentido de la vida y los valores
personales renovados. Un estado
depresivo puede verse como un vacío fértil del que puede brotar algo
verdaderamente nuevo, o como un proceso de alquimia interior mediante el que
llegue a destilarse la propia esencia.
Por
su parte, la ansiedad es un estado permanente de miedo que suele aparecer
cuando se dan preocupaciones y conflictos no resueltos. Los ataques de ansiedad reflejan miedo al futuro, a los cambios, aunque
a la vez sean necesarios. Es sentirse incapaz de lo que la situación
requiere. Se acompaña de opresión en el pecho, taquicardia, sudoración,
temblores y un nudo en la garganta. La
ansiedad es una reacción del organismo ante una situación de peligro, sea éste
real o imaginario. En todo caso, es útil porque manifiesta que hay algo que se
vive como una amenaza, una alerta ante una situación de peligro o catástrofe.
Se trata de hacer consciente e identificar aquello a lo que tenemos miedo, para
posteriormente afrontarlo.
Una
persona puede quejarse y sentirse víctima de su ansiedad, aunque en realidad es
una parte de ella misma la que la genera, es un mensaje dirigido a sí misma. En
muchos casos es síntoma de una conducta de evitación: se está eludiendo abordar
algún tema que genera dolor o tristeza. Para
liberarnos de la ansiedad es necesario ser plenamente consciente de ella,
sentirla en profundidad, experimentarla, acogerla e incluso aunque nos suene
raro, respirarla. Dejarse llevar por lo que sucede (temblores,
estremecimientos…) sin rechazarla ni bloquearla, sintiéndonos responsables de
ella. Así, en vez de intentar rehuirla hay que penetrar en ella y preguntarse:
« ¿Qué me está pidiendo este síntoma?».
Muchos
ataques de ansiedad son una mezcla de emociones, como
culpa, rabia, miedo y dolor reprimidos a los que no se les permite la
expresión, una «bomba» que si no se
exterioriza (eso sí, adecuadamente) causan mucho dolor a la persona. Es posible
que requieran un grito, aunque sea a solas, enfadarse, llorar o bien expresar
lo que se siente para tomar conciencia de ello. « ¿Qué es lo que me enfada?», «
¿De qué tengo miedo?». Se trata de decodificar el mensaje que quieren
trasmitirnos, no de pasarlo por alto o reprimirlo. Porque cuanto más luchemos contra un síntoma más empeorará. Es
beneficioso sentirlo, escuchar qué pide, exagerarlo incluso, ya que si podemos
exagerarlo también podemos lograr que disminuya. Luchar contra los síntomas sólo sirve para reforzarlos, mientras que
abrazar el síntoma nos libera de él.
Otro
síntoma bastante común son las cefaleas o migrañas. Si las analizamos con
atención podemos darnos cuenta de que suelen aparecer después de períodos de
mucha tensión, estrés y una intensa actividad mental, así como de un exceso de
estímulos y situaciones en que se está rodeado de mucha gente. El síntoma exige retiro, relajación y
descanso, en un espacio en silencio y con poca luz. Si se lo escucha y se le da
lo que precisa, remite. Lo interesante sería aprenderlo de una vez por todas, y
parar y retirarse antes de que se encienda el piloto rojo de aviso, antes de
que empiecen las primeras manifestaciones.
La
vida interior nos habla en susurros, y si no somos capaces de escucharla cada
vez nos habla más alto. Los síntomas nos
comunican una información que está en el inconsciente y pugna por hacerse
consciente. El síntoma es la punta
del iceberg. De manera que cuanto mayor, más complejo, grave o exagerado
sea el síntoma −sea éste físico o psicológico− más inconsciente es, y más
sonoro es el grito para que podamos escucharlo, así como mayores son las
defensas para que la información pueda acceder a la conciencia. Cuando no nos escuchamos, no nos entendemos
o no nos comunicamos con nuestro interior es cuando aparecen los síntomas. Su
intención es positiva: en realidad tratan de decirnos algo, darnos una
información para que lo inconsciente se vuelva consciente. Los síntomas
expresan que una parte nuestra existencia no se puede manifestar, está
arrinconada y reclama atención; precisa ser vista, oída, tenida en cuenta. Nuestras
creencias nos conforman y limitan. Cuando no estamos en armonía con nuestra
propia vida o con la existencia en general, surgen los síntomas e incluso la
enfermedad. Desde esta perspectiva integradora, se trata de encontrar aquellos
aspectos que han intervenido en el origen y causa de la enfermedad, dar sentido
a los mensajes que recibimos y localizar las creencias limitantes y
experiencias pasadas que están bloqueando el mensaje y su comprensión.
Aunque a veces no seamos
conscientes, en el ser humano existe una necesidad imperiosa de crecimiento
interior, de poner fin a lo viejo y gastado. Necesitamos «actualizarnos»
constantemente, aceptar y facilitar ese crecimiento tomando conciencia de
aquellos aspectos en nosotros que «mueren» y «renacen» sin cesar, que nos
hablan de la necesidad de cambio a que tantas veces nos resistimos. La cura
está en conectar con el alma y
escucharla con amor.
Ascensión
Belart
Blog
Un viaje hacia el corazón
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