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1 de enero de 2018

NÚMERO 11 - AÑO NUMEROLÓGICO DE LA TIERRA 2018

Así como cada uno de nosotros, según nuestra fecha exacta de nacimiento tenemos un año personal numerológico, así mismo la tierra tiene uno, cuyas vibraciones nos acompañan desde el 1 de enero  hasta el 31 de diciembre y nos afectan a todos, no tan directamente como nuestro año personal específico (a menos que también sea un número 11), pero todos los otros números lo deben tener en cuenta porque quieran o no, van a estar influenciados por algunas de las características de esta vibración,  conocer la vibración 11 les ayudará a armonizarse, sincronizarse  y tener la sabiduría de integrarla amorosamente a su cotidianidad.

Vibración 11 = Incambiable, Transmutación y transformación, apertura de consciencia y enseñanza. Sabiduría, paz interior, conocimiento de leyes universales. Gurú. Protección. Todos los números maestros son sinónimos de luz interior y simbolizan las mejores cualidades del número base. El 11 es una vibración que trasciende los límites de la mentalidad y el comportamiento humano. Es un reto que exige niveles de conducta muy elevada y severa que no les permite olvidar que ante todo y sobre todo se deben a los demás. Bajo la vibración 11 se debe tratar de mantener actitud de calma y aceptación pase lo que pase. Consiste en ser inspiración de los demás para generar en ellos una verdadera transformación espiritual. Capacidad inventiva y habilidad para desarrollar nuevas formas de pensamiento. Puede hacerlo como docente, filósofo, inventor, psicólogo o líder espiritual o religioso, transmitiendo lo que capta en su espíritu. De no lograrlo, puede desarrollar su misión como el número 2.
El año 11 te obliga a hacer una profunda introspección sobre cómo se ha desarrollado tu vida hasta este momento. Tendrás la necesidad de buscar un camino diferente ya sea profesional o espiritualmente. Sentirás que las ideas y pensamientos fluyen constantemente por tu cabeza, en ocasiones hasta el punto de inquietarte o agobiarte, esto pasa porque la energía del año 11 te está empujando a tomar decisiones.
Es tu momento de evolucionar, de dar el siguiente paso y transmitir a los demás tu sabiduría interior, los cuestionamientos personales estarán presentes en muchos momentos de tu año, ahora la vida te empuja no solo a darles respuesta a todos tus interrogantes, sino también a concretar acciones para enfrentarlos y crecer como persona.
Este ciclo está lleno de inspiración, aprovecha esta vibración para crear tu propio método ya que ahora las cosas se darán en gran escala. Deberás estar preparado para contraer mayores responsabilidades y consciencia de tus acciones, la vibración maestra del año 11, hace posible la realización de tus ideales sobre todo cuando se impulsan ideas de beneficio social e interés comunitario, es tu momento de hacer cosas que trasciendan.
La clave para transitar de forma positiva este año será tratar de encontrar el aprendizaje que nos aporta cada situación, sin rebelarnos ante aquellas cosas que no podemos modificar, sino más bien tomando una actitud más elevada frente a las mismas. Toda disciplina de aprendizaje o enseñanza tradicional, metafísica o espiritual nos ayudará a lograrlo. Es el momento de encontrarte con tu verdadero Ser Interno y de integrarlo plenamente a tu vida en total consciencia. Es tiempo para florecerte interiormente, para alcanzar la iluminación y la realización a nivel espiritual.
Es un año benéfico para las artes en general, el trabajo espiritual o de ayuda a los demás, el interés en grupos con metas sociales, la enseñanza y escritura de tus ideas, para formalizar negocios o grandes contratos y cualquier tema relacionado a lo espiritual y metafísico.
En un año 11, la vida te prepara una de las más grandes lecciones de tu ciclo, así que busca el ¿para qué? de los acontecimientos que estás viviendo, encuentra el significado y resuélvelo de la mejor manera, el hacerlo de forma correcta te llevara más allá de tus fronteras, este es un año para trascender y evolucionar.

CLAVES PARA TRANSITAR EL AÑO 11:
Año para tomar decisiones importantes y hacer cambios profesionales y personales. Gran oportunidad de compartir tus ideas, conocimientos y habilidades con otros. Tiempo en el cual tus palabras e ideas inspiran e impresionan, se concretaran en cualquier proyecto que elijas, prepárate para aterrizar este año 11 todo lo que traes en la cabeza. Momento en la vida en la que te verás forzado a tomar decisiones, analiza y reflexiona muy bien las cosas antes de hacerlo.

Recuerden: 

"Yo soy la intuición despierta en mí que me eleva y transforma. Yo soy mi expansión infinita." 


12 de enero de 2017

LA MAGIA DE SER MUJER DESPUÉS DE LOS 40

Mujer, ya no tenemos la figura de los 20 años, pues las piedras del camino han moldeado nuestro cuerpo. Nuestra mirada es cómplice, pues se ha formado durante años, permitiéndonos manejar el arte de amar a nuestros hijos, a nuestra pareja, a nuestros familiares y a nuestros amigos.
Acumulamos de manera perfecta la experiencia y la juventud, lo que nos hace dominar el arte y el manejo de nuestra esencia, sumando vida a los años que hemos disfrutado y que nos quedan por disfrutar.
Porque una mujer de más de 40 deja huella por dónde camina, haciéndose dueña de sus pasos. Siente que pisa fuerte, transmite seguridad en sí misma y ha logrado una estabilidad y un equilibrio emocional y personal que hipnotiza.

“Se necesita mucho valor para amar a las mujeres marcadas por el pasado, aquellas de carácter fuerte pero de corazón bueno. Se necesita mucho amor para curar las heridas y las desilusiones.
Pero, sobre todo, se necesita ser inteligente, porque son tan maduras y tan experimentadas que ya no creen en lo que sienten, sino en lo que estés dispuesto a hacer por ellas.” Walter Riso

MÁS DE 40 SOPLOS DE AIRE FRESCO…
Los 40 y los 50 son un momento peculiar, en el que te encuentras entre dos generaciones que ponen en evidencia lo efímero de la vida, por eso nos damos cuenta de que hay que aprovecharla y conciliar nuestros mundos. Dejas de preocuparte por lo que pasó y por el que pasará para comenzar a disfrutar de lo que está pasando.
A partir de los 40 por fin entendemos que cada persona que te encuentras tiene un papel. Algunas personas te ponen a prueba, otra te utilizan, no falta quien te ama y te enseña, pero las personas realmente importantes son las que sacan lo mejor de ti. Son y serán personas pocos comunes y extraordinarias las que te recuerdan que todo ha merecido la pena.

¿QUE CUÁNTOS AÑOS TENGO?
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos y las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada. Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas… Valen mucho más que eso.  ¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta! Lo que importa es la edad que siento.  Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos. Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.

“¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa! Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento”.
José Saramago

LA MAGIA DEL MOMENTO
Muchas mujeres de más de 40 ya se han visto en situaciones complicadas. Han podido ser renegadas y rechazadas por su sociedad. Han vivido traiciones y desengaños que las han hecho madurar. Han podido sentir en su piel el desgarro de separaciones deshonrosas, de abandonos y de menosprecios. Están forjadas en el fragor de la batalla y heridas por las flechas más inesperadas. Han cargado sobre sus espaldas gran parte del peso de la vida y, por eso, las mujeres con más de 40 han desarrollado un séptimo sentido que les permite ir más allá, mantenerse serenas y reconciliarse con la vida.

“Las mujeres de mi generación son las mejores. Y punto. Hoy tienen cuarenta y pico, y son bellas, muy bellas, pero también serenas, comprensivas, sensatas y, sobre todo, endiabladamente seductoras, esto a pesar de sus incipientes patas de gallo o de esa afectuosa celulitis que capitanea sus muslos, pero que las hace tan humanas, tan reales… Hermosamente reales.” Sharon Stone con 48 años

A modo de chiste, se dice que una mujer de 20 años puede ser atractiva, la mujer de 30 puede ser seductora pero solo después de los 40 se puede ser irresistible. Este es el resultado de una mezcla perfecta entre experiencia y juventud. De alguna manera, la mujer de más de 40 ha dado un importante paso en la búsqueda del amor, ahora se ama a sí misma mucho más que lo que lo hacía un década atrás.
No te olvides, mujer… Tienes los años que permiten mirar la vida con calma pero con el interés de seguir creciendo. Ahora es cuando el amor puede ser ardiente o un remanso de paz. Cuando puedes gritar sin miedo tus temores y hacer lo que deseas aun temiendo al fracaso. Hoy puedes Amarte, aceptarte y abrazarte, porque los años te han convertido en una persona mucho más plena, mucho más TÚ.
Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com


6 de enero de 2017

EL ARTE DE LA MEDITACIÓN

El arte de la meditación es una manera de ponerse en contacto con la realidad. Y la razón para meditar es que la mayoría de las personas civilizadas han perdido el contacto con la realidad. Confunden el mundo tal como es con el mundo tal como ellos lo piensan, tal como hablan de él y lo describen. Porque por una parte está el mundo real y por otra hay todo un sistema de símbolos ―referentes a ese mundo― que llevamos en nuestra mente. Son símbolos muy, muy útiles; toda la civilización depende de ellos. Pero, como todas las cosas buenas, tienen sus desventajas, y la principal desventaja de los símbolos es que los confundimos con la realidad, de la misma manera que confundimos el dinero con la auténtica riqueza y nuestro nombre, la idea y la imagen que tenemos de nosotros mismos, con nosotros.
Por cierto que, desde el punto de vista de un filósofo, "realidad" es una palabra peligrosa. Un filósofo me preguntará qué quiero decir al hablar de "realidad". ¿Estoy hablando del mundo físico de la naturaleza, de un mundo espiritual o de qué? Tengo una respuesta muy simple: cuando hablamos del mundo material usamos, de hecho, un concepto filosófico. De la misma manera, si decimos que la realidad, en sí misma, no es un concepto. La realidad es ... (sonido de un gong). Y no le daremos nombre.
Es asombroso todo lo que no existe en el mundo real. Por ejemplo, en el mundo real no hay cosas ni hay sucesos. ¡Lo cual no significa que el mundo real sea un vacío totalmente informe y sin interés! Significa que es un maravilloso sistema de danzas y vibraciones en medio del cual vislumbramos cosas y sucesos, de la misma manera que proyectamos imágenes sobre una mancha del Rorschach o escogemos en el cielo determinados grupos de estrellas y los llamamos constelaciones. Pues bien, en la visión de nuestra mente y en nuestro sistema de conceptos hay grupos de estrellas, pero no están allá fuera, como constelaciones ya agrupadas en el cielo. De la misma manera, la diferencia entre cada uno de nosotros y el resto del universo no es más que una idea, no una verdadera diferencia. La meditación es un camino por el cual llegamos a sentir nuestra inseparabilidad básica de la totalidad del universo. Lo que es cesariano para eso es que nos callemos, que nos silenciemos interiormente e interrumpamos la cháchara interminable que nos resuena dentro del cráneo.
La mayor parte de nosotros pensamos de manera compulsiva durante todo el tiempo; hablamos con nosotros mismos. Si todo el tiempo estoy hablando, no oigo lo que alguien tenga que decirme. Exactamente de la misma manera, si pienso todo el tiempo, es decir, si estoy continuamente hablando conmigo mismo, no tengo nada en qué pensar, a no ser pensamientos, ideas. Por ende, estoy viviendo totalmente en el mundo de los símbolos sin estar jamás en relación con la realidad. Y quiero ponerme en contacto con la realidad: ésa es la razón básica para la meditación.
Hay otra razón, pero es un poco más difícil de entender. Podríamos decir que la meditación no tiene una razón o que no tiene un propósito. En ese aspecto no se parece a casi ninguna otra cosa de las que hacemos, salvo, quizás, a tocar música y a bailar. Al tocar música no lo hacemos con el propósito de llegar a cierto punto, digamos el final de la composición. Si tal fuera el propósito de la música, es evidente que los ejecutantes más rápidos serían los mejores. Tampoco cuando bailamos nos proponemos llegar a un determinado lugar del suelo, como cuando hacemos un viaje. Cuando bailamos, la meta es el viaje mismo, tal como cuando tocamos música, la meta es tocar. Y exactamente lo mismo es válido para la meditación. La meditación es el descubrimiento de que siempre estamos llegando en el momento inmediato a la meta de la vida.
Por consiguiente, si uno medita por un motivo ulterior, es decir, por una mejora mental o del carácter, para ser más eficiente en la vida, tiene los ojos puestos en el futuro y no está meditando. El futuro es un concepto ¡algo que no existe! ¡No hay nada que sea "mañana"! Ni jamás lo habrá, porque el tiempo es siempre ahora. Esa es una de las cosas que descubrimos cuando dejamos de hablar con nosotros mismos y dejamos de pensar. Nos encontramos con que no hay más que un presente, únicamente un eterno ahora.
Cuando uno medita no lo hace por ninguna razón, en absoluto, a no ser por el placer de hacerlo. Y aquí enunciaría el principio fundamental de que la meditación ha de ser grata; no es algo que se hace como un penoso deber. El problema de la religión actual es que está enormemente mezclada con deberes y obligaciones temibles y desagradables. Cosas que se hacen porque "son buenas para uno". Es una especie de auto-castigo. La meditación, cuando se practica correctamente, no tiene nada que ver con eso; es una especie de comprensión y disfrute del presente, una suerte de fascinación ante el eterno ahora, que nos conduce a un estado de paz en el que podemos entender que el sentido de la vida, el ámbito donde se da, es simplemente aquí y ahora.

Fuente: Alan Watts. Nueve meditaciones

27 de abril de 2015

LOS SÍNTOMAS SON EL LENGUAJE DEL ALMA.

A lo largo de nuestra vida tenemos que afrontar determinadas situaciones generadoras de tensiones y conflictos. Además hay una serie de acontecimientos que son especialmente estresantes, como la muerte de la pareja, la separación y el divorcio, el fallecimiento de seres queridos, los despidos o reajustes en el trabajo y la jubilación. Lo que tienen en común todas estas circunstancias es que nos obligan a adaptarnos, nos apremian para que aceptemos los cambios que conllevan, lo que implica, por una parte, incorporar algo nuevo −que de entrada nos da miedo− y, por otra, dejar que se vaya algo que conocemos −que aunque doloroso resulta a la vez tranquilizador.
Frente a los cambios reaccionamos no sólo según nuestra personalidad, más o menos adaptable, flexible y tolerante, sino también a partir de un sistema de creencias que interiorizamos fundamentalmente durante la infancia. Personalidad y creencias constituyen estructuras mentales que a menudo se sienten amenazadas ante los cambios, y como consecuencia se da cierto rechazo y resistencia a ellos. Así, frente a una circunstancia vital especialmente compleja, unida a una falta de recursos internos y ciertas dificultades para adaptarse a ella el ser humano puede generar toda una serie de síntomas, físicos y/o psicológicos, que desde una perspectiva integradora pueden verse como una voz desde el interior que busca ser escuchada.
Por lo general, una persona decide iniciar un proceso terapéutico porque su malestar empieza a ser tan acentuado que se ve «obligada» a pedir ayuda, a buscar a alguien que pueda proporcionarle alivio a sus síntomas y luz en su camino. A veces, esa petición llega incluso mucho después de haber soportado durante un largo período esa oscuridad o sufrimiento existencial. En efecto, taquicardias, temblores, ansiedad, opresión en el pecho, sobrepeso, alergias, problemas digestivos o un estado depresivo son manifestaciones físicas, síntomas que reclaman atención, que se dejan sentir de manera que a la persona cada vez le resulta más difícil vivir haciendo caso omiso de ellos y sin escuchar lo que siente su alma. Porque hay ocasiones en que el alma se queja, protesta y reclama atención. Necesita que la escuchen, aunque algunos intentan hacer lo posible por no tenerla en cuenta.
En verdad no podemos vivir desconociendo nuestras heridas, necesidades y deseos más profundos sin que ello acarree consecuencias. Vivir en la inconsciencia genera sufrimiento. Curiosamente, los síntomas indican la dirección de lo que el alma anhela, pero también aquello de lo que nos defendemos, a lo que nos resistimos con ahínco. Cabría preguntarse entonces: « ¿Qué estoy tratando de evitar?», « ¿De qué me protejo?».
En un sentido amplio del término, los síntomas, sean cuales sean y por extraño que parezca, siempre tienen una intención positiva para quien los sufre. Su sentido es cumplir diferentes funciones para la persona, y así, por ejemplo, sirven para ayudarnos a evitar ciertas cosas y para protegernos de otras, e incluso buscan obtener lo que uno no se atreve a pedir. El entramado de síntomas tiene múltiples significados, pero su finalidad primordial es sernos de utilidad. Porque en última instancia, los síntomas los genera uno mismo, aunque creamos que nos son ajenos y por ello queramos hacerlos desaparecer.
Un síntoma siempre tiene un significado, es un indicador luminoso que atrae nuestra atención y nos informa de que algo está sucediendo. Es tan útil como el pilotillo que se enciende en el coche para avisarnos de que hace falta gasolina o aceite. Los síntomas indican una disfunción, la existencia de cierto malestar interior, dolor y sufrimiento. Podría afirmarse que es la voz del alma que se queja, a la hay que prestar atención y aprender a escuchar. En un plano orgánico, el síntoma es la expresión física de lo que falta en la conciencia, pero la información se halla en la sombra, en el inconsciente, y la persona carece de acceso a ella. Para entender su mensaje y hacerlo consciente es importante analizar el momento de aparición del síntoma, lo que nos proporciona una información relevante: sucesos, sentimientos, pensamientos y fantasías. Y preguntarse: « ¿Qué me impide llevar a cabo este síntoma?», « ¿A qué me obliga?», « ¿Cuál podría ser su intención positiva?», « ¿Qué me quiere hacer ver?».

La depresión es un intento de que se establezca una conexión o comunicación más profunda con el alma, con la totalidad del Ser. Es una bajada a los «infiernos» personales, una parada del ritmo de la vida cotidiana para escucharse, un «no hacer» para enterarse de lo que sucede en el interior. La persona necesita estar en contacto consigo misma, volverse hacia dentro, encapsularse como la crisálida de una mariposa para llegar a tocar fondo. Hasta cierto punto, es necesario aceptar y respetar este proceso, cual animal que lame sus heridas para que sanen.
La depresión proporciona el momento de detenerse y revisar, un espacio para la elaboración de pérdidas y un tiempo para conectar con el alma. Uno se desactiva, se apea de la vida y se entrega a un abandono autocompasivo. La depresión puede desempeñar un papel necesario en el proceso de individuación, un tiempo para madurar, profundizar y reflexionar en pos de la búsqueda de una nueva filosofía de vida. Esa necesidad de aislamiento, silencio y soledad tal vez sea un rito de pasaje, una muerte y resurrección, una transición hacia una reconstrucción interior desde la disolución de viejas perspectivas. El vacío del abismo puede proporcionar sabiduría interior, la aceptación de los propios límites y de la realidad tal cual es, y, como resultado, un sentido de la vida y los valores personales renovados. Un estado depresivo puede verse como un vacío fértil del que puede brotar algo verdaderamente nuevo, o como un proceso de alquimia interior mediante el que llegue a destilarse la propia esencia.
Por su parte, la ansiedad es un estado permanente de miedo que suele aparecer cuando se dan preocupaciones y conflictos no resueltos. Los ataques de ansiedad reflejan miedo al futuro, a los cambios, aunque a la vez sean necesarios. Es sentirse incapaz de lo que la situación requiere. Se acompaña de opresión en el pecho, taquicardia, sudoración, temblores y un nudo en la garganta. La ansiedad es una reacción del organismo ante una situación de peligro, sea éste real o imaginario. En todo caso, es útil porque manifiesta que hay algo que se vive como una amenaza, una alerta ante una situación de peligro o catástrofe. Se trata de hacer consciente e identificar aquello a lo que tenemos miedo, para posteriormente afrontarlo.
Una persona puede quejarse y sentirse víctima de su ansiedad, aunque en realidad es una parte de ella misma la que la genera, es un mensaje dirigido a sí misma. En muchos casos es síntoma de una conducta de evitación: se está eludiendo abordar algún tema que genera dolor o tristeza. Para liberarnos de la ansiedad es necesario ser plenamente consciente de ella, sentirla en profundidad, experimentarla, acogerla e incluso aunque nos suene raro, respirarla. Dejarse llevar por lo que sucede (temblores, estremecimientos…) sin rechazarla ni bloquearla, sintiéndonos responsables de ella. Así, en vez de intentar rehuirla hay que penetrar en ella y preguntarse: « ¿Qué me está pidiendo este síntoma?».
Muchos ataques de ansiedad son una mezcla de emociones, como culpa, rabia, miedo y dolor reprimidos a los que no se les permite la expresión, una «bomba» que si no se exterioriza (eso sí, adecuadamente) causan mucho dolor a la persona. Es posible que requieran un grito, aunque sea a solas, enfadarse, llorar o bien expresar lo que se siente para tomar conciencia de ello. « ¿Qué es lo que me enfada?», « ¿De qué tengo miedo?». Se trata de decodificar el mensaje que quieren trasmitirnos, no de pasarlo por alto o reprimirlo. Porque cuanto más luchemos contra un síntoma más empeorará. Es beneficioso sentirlo, escuchar qué pide, exagerarlo incluso, ya que si podemos exagerarlo también podemos lograr que disminuya. Luchar contra los síntomas sólo sirve para reforzarlos, mientras que abrazar el síntoma nos libera de él.
Otro síntoma bastante común son las cefaleas o migrañas. Si las analizamos con atención podemos darnos cuenta de que suelen aparecer después de períodos de mucha tensión, estrés y una intensa actividad mental, así como de un exceso de estímulos y situaciones en que se está rodeado de mucha gente. El síntoma exige retiro, relajación y descanso, en un espacio en silencio y con poca luz. Si se lo escucha y se le da lo que precisa, remite. Lo interesante sería aprenderlo de una vez por todas, y parar y retirarse antes de que se encienda el piloto rojo de aviso, antes de que empiecen las primeras manifestaciones.
La vida interior nos habla en susurros, y si no somos capaces de escucharla cada vez nos habla más alto. Los síntomas nos comunican una información que está en el inconsciente y pugna por hacerse consciente. El síntoma es la punta del iceberg. De manera que cuanto mayor, más complejo, grave o exagerado sea el síntoma −sea éste físico o psicológico− más inconsciente es, y más sonoro es el grito para que podamos escucharlo, así como mayores son las defensas para que la información pueda acceder a la conciencia. Cuando no nos escuchamos, no nos entendemos o no nos comunicamos con nuestro interior es cuando aparecen los síntomas. Su intención es positiva: en realidad tratan de decirnos algo, darnos una información para que lo inconsciente se vuelva consciente. Los síntomas expresan que una parte nuestra existencia no se puede manifestar, está arrinconada y reclama atención; precisa ser vista, oída, tenida en cuenta. Nuestras creencias nos conforman y limitan. Cuando no estamos en armonía con nuestra propia vida o con la existencia en general, surgen los síntomas e incluso la enfermedad. Desde esta perspectiva integradora, se trata de encontrar aquellos aspectos que han intervenido en el origen y causa de la enfermedad, dar sentido a los mensajes que recibimos y localizar las creencias limitantes y experiencias pasadas que están bloqueando el mensaje y su comprensión.
Aunque a veces no seamos conscientes, en el ser humano existe una necesidad imperiosa de crecimiento interior, de poner fin a lo viejo y gastado. Necesitamos «actualizarnos» constantemente, aceptar y facilitar ese crecimiento tomando conciencia de aquellos aspectos en nosotros que «mueren» y «renacen» sin cesar, que nos hablan de la necesidad de cambio a que tantas veces nos resistimos. La cura está en conectar con el alma y escucharla con amor.

Ascensión Belart
Blog Un viaje hacia el corazón



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