19 de diciembre de 2013

13 de diciembre de 2013

NUEVO LENGUAJE DEL ESPÍRITU.

Medicina energética e intuición, cuando hablo de la intuición suelo decepcionar a algunas personas, porque estoy firmemente convencida de que la visión simbólica no es un don sino una habilidad, una habilidad que tiene su base en la propia estima. Desarrollar esa habilidad, y un sano sentido de sí mismo, resulta más fácil cuando se piensa con las palabras, los conceptos y los principios de la medicina energética. Así pues, mientras lee este capítulo piense que aprender a utilizar la intuición es aprender a interpretar el lenguaje de la energía. El campo energético humano Todo lo que vive late de energía, y toda esa energía contiene información. Si bien no es sorprendente que quienes practican medicinas alternativas o complementarias acepten este concepto, lo cierto es que incluso algunos físicos cuánticos reconocen la existencia de un campo electromagnético generado por los procesos biológicos del cuerpo. Los científicos aceptan que el cuerpo humano genera electricidad, porque el tejido vivo genera energía. El cuerpo físico está rodeado por un campo energético que abarca el espacio que ocupan los brazos extendidos y todo el largo del cuerpo. Este campo es a la vez un centro de información y un sistema perceptivo muy sensible. Mediante este sistema estamos en constante «comunicación» con todo lo que nos rodea, ya que es una especie de electricidad consciente que transmite y recibe mensajes hacia y desde los cuerpos de los demás. Estos mensajes que entran y salen del campo energético son los que percibimos los intuitivos. Quienes practican la medicina energética creen que el campo energético humano contiene y refleja la energía de cada persona. Nos rodea y lleva con nosotros la energía emocional generada por nuestras experiencias interiores y exteriores, tanto las positivas como las negativas. Esta fuerza emocional influye en el tejido físico interno del cuerpo. De esta manera, la biografía de una persona, es decir, las experiencias que conforman su vida, se convierte en su biología. Entre las experiencias que generan energía emocional en el sistema energético están las relaciones pasadas y actuales, tanto personales como profesionales, (las experiencias y recuerdos profundos o traumáticos, y todas las actitudes y creencias, sean de tipo espiritual o supersticioso. Las emociones generadas por estas experiencias quedan codificadas en el organismo y los sistemas biológicos y contribuyen a la formación de tejido celular, el cual genera a su vez, una calidad de energía que refleja esas emociones. Estas impresiones energéticas forman un lenguaje energético que contiene una información literal y simbólica. Una persona intuitiva médica puede leer dicha información. He aquí un ejemplo del tipo de mensaje que podría comunicar el campo energético. Supongamos que una persona tenía dificultades para aprender matemáticas en la escuela de primera enseñanza. Normalmente, saber que doce hacen una docena no supone una carga emocional susceptible de alterar la salud del tejido celular. Pero si el profesor o la profesora humillaba a esa persona porque no sabía eso, entonces la experiencia tendría una carga emocional que generaría lesión celular, sobre todo si la persona insiste en ese recuerdo en la edad adulta, o lo utiliza a modo de piedra de toque para determinar la forma de hacer frente a las críticas, las figuras de autoridad, la educación o el fracaso. Un intuitivo podría captar la imagen literal de la relación de esa persona con su profesor o cualquier otro símbolo negativo ligado a esa experiencia. Las imágenes positivas y la energía de las experiencias positivas también están contenidas en el campo energético. Piense en alguna ocasión en que alguien le elogiara un trabajo bien hecho, un acto de bondad o la ayuda que prestó a una persona. Sentirá una energía positiva, una oleada de poder personal dentro del cuerpo. Las experiencias positivas y negativas dejan registrado un recuerdo en el tejido celular y en el campo energético. La neurobióloga Candace Pert ha demostrado que los neuropéptidos, sustancias químicas activadas por las emociones, son pensamientos convertidos en materia. Las emociones residen físicamente en el cuerpo y se interrelacionan con las células y los tejidos. De hecho, la doctora Pert dice que ya no puede separar la mente del cuerpo, porque el mismo tipo de células que producen y reciben esas sustancias químicas emocionales en el cerebro están presentes en todo el cuerpo. A veces el cuerpo reacciona emocionalmente y fabrica sustancias químicas emocionales incluso antes de que el cerebro haya registrado un problema. Recuerde, por ejemplo, lo rápido que reacciona su cuerpo ante un ruido fuerte, antes de que haya tenido tiempo de pensar. En su libro Healing and the Mina, Bill Moyers cita las palabras de la doctora Pert: «Ciertamente hay otra forma de energía que aún no hemos entendido. Por ejemplo, hay una forma de energía que parece abandonar el cuerpo cuando éste muere. [...] La mente está en todas las células del cuerpo.» «¿Quiere decir que las emociones están almacenadas en el cuerpo?», le pregunta Moyers. «Por supuesto. ¿No se había dado cuenta? [...]. Hay muchos fenómenos que no podemos explicar sin referirnos a la energía.»

Caroline Myss (Anatomía del Espíritu)

4 de diciembre de 2013

¿QUÉ RITUALES O EJERCICIOS PODRÍAS OFRECERNOS PARA ABRIRNOS A NUEVOS NIVELES DE CONCIENCIA?”.



“Para llegar a uno mismo, al Ser esencial, primero que nada debemos domar a esa ilusión tatuada en nuestra mente por la familia, la sociedad y la cultura, que llamamos Ego. Ilusión con la que nos identificamos y que nos retiene en una especie de cárcel mental. Se logra esto, observando objetivamente hasta donde nos es posible, la cotidiana conducta de ese personaje que nos posee. He aquí una lista, no exhaustiva, de los defectos de carácter que debemos vencer para llegar a actuar como un ser de un alto nivel de conciencia. Quien añade conciencia, añade felicidad a su vida.
El Ego se alaba sin cesar. El Ego se maltrata, pero en el fondo quiere que le digan que sus defectos no son tan graves o que lo admiren por su franqueza y “humildad”.El Ego habla sin entender lo que está diciendo porque, en verdad, no puede conocer nada pues gira alrededor de sí mismo, el Ego proyecta su imagen en todo el mundo. Si tiene miedo, el mundo es feo. Si está eufórico, el mundo es bello. Si tiene deseos perversos, ve pervertidos en todas partes. El Ego cree que él es lo que piensa, siente, hace. Si critican algo de él, se ofende. El Ego no ve diferencia entre lo que tiene y lo que es él. Los objetos son su continuación. Es capaz de matar si le dañan, por ejemplo, su automóvil. El Ego goza de su propia violencia, como también goza de su insatisfacción e incultura. Como el tiempo es su enemigo porque lo acerca a la muerte, el Ego se preocupa de la edad, es decir, de sus cambios físicos. Cambios que oculta con tatuajes, piercings, adornos. El Ego siempre enjuicia a los demás poniéndose él como medida: son mejores, peores o iguales a él. El Ego tiene buenas razones para justificar sus errores: son culpa de las circunstancias o de los otros. El Ego discute para demostrarse a sí mismo que es más inteligente que los otros. Su táctica es decir “¡No!”. El Ego es codicioso: no ama sino que desea poseer. El Ego dice que le suceden cosas “extraordinarias”: ha visto un platillo volador, ha tenido una visión, conoce a un personaje famoso, etc. Lo que le “sucede” lo cuenta para ponerse en valor y sentirse superior a los que lo escuchan. Cuando alguien muere, el Ego se alegra porque no es él quien expiró.  El Ego oculta un mordisco detrás de cada alabanza que concede. Al Ego le gusta agradar y se coloca máscaras de diferentes personalidades para caer bien. Se hace el honesto o el fuerte o el delicado o el niño, según con quien está. El Ego se preocupa por dejar sus huellas en algún lado: firma paredes, pone sus fotografías en marcos, funda escuelas, lucha por obtener medallas y premios, etc… Al Ego le gusta mandar a otros y goza apoderándose de voluntades ajenas. Sufre cuando otro lo manda. Detesta a cualquier clase de maestro. Al Ego le gusta vivir junto a los que tienen poder o fama y es servil con ellos por envidia. El Ego no sabe escuchar: supone lo que le van a decir y reacciona según sus suposiciones sin dejar hablar al otro. El Ego es un vampiro de energía: cuando visita a alguien es capaz de hablarle de sí mismo durante horas sin preguntarle ni siquiera si está bien de salud.
La auto-observación de nuestro Ego debe ser constante: es la básica y esencial primera lucha para acceder a planos de conciencia más elevados.

¿POR QUÉ EL EGO TEME CAMBIAR?
Para responder a esta pregunta debo contar una pequeña historia:
“Un cazador, que buscaba la pista de un león, preguntó a un leñador si había visto huellas del felino. Este le respondió: “Conozco el sitio donde se cobija. ¡Voy a mostrarte al león mismo!” El cazador se puso blanco y, entre castañeteos de dientes, confesó: “Sólo busco la pista y no al león”.
Esta historia puede ser aplicada a aquellos que buscan el Conocimiento. Para aprender se necesita, primero, saber que se puede aprender; segundo, ser maestro de sí mismo para poder aprender; y tercero, estar dispuesto a aceptar el cambio que provocará el Conocimiento. Gran parte de la falta de aprendizaje es la creencia de que no se tienen capacidades para aprender. Luego, la pereza de creer que todo se recibirá de un Maestro. Y por fin, el miedo al cambio que hace que el discípulo luche contra aquello mismo que quiere aprender.
¿Por qué el cambio aterroriza? Nuestro Ser esencial es ilimitado y participa de la eternidad universal. Nuestro limitado Ego, con angustia quiere perdurar, quedándose dentro de sus límites para siempre, igual a sí mismo. Mas, para ser inmortal, tiene que conocer y eso lo llena de terror, pues si le dice a su Esencia: “Tengo miedo de morir, ¿qué debo hacer para impedirlo?” Ella le contestará: “Si quieres alcanzar la eternidad, debes primero morir. Sólo cambiando radicalmente, eliminando tus amarras al pasado, abandonando los intereses que te atan a lo que posees, perdiendo tu “personalidad”, tu nombre, tu rostro, tus ideas, muriendo en vida para otra vez nacer, es decir mutando, podrás salvarte.

Así como el cazador sigue las huellas pero rehúye enfrentarse al león, el Ego teme enfrentarse al Conocimiento. Para perdurar, debe dejar de ser tal cual es. Para cazar al león debe dejar que este se lo coma. El Ego debe disolverse en el Ser esencial. La bestia duerme en su caverna. Él tiene que entrar en la oscuridad y despertarla. "Cuando el león se despierta, el cazador se esfuma.” 
Alejandro Jodorowsky
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