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24 de julio de 2020

LA SANACIÓN ESTÁ MUY ROMANTIZADA


(Sanar es para valientes)
Pareciera que deberían salir halos de luz y chispas y gotas de amor y maravillosos seres de luz que vienen a nuestro rescate, mientras nos elevamos a "otras frecuencias". Hay toda una historieta de luz y amor
que es pura ilusión que la mente se inventa para huir de la propia miseria, la mierda humana acumulada durante siglos, que deviene del trauma escondido bajo la alfombra. Lamentablemente esto no es así. Sanar es agotador, aplastante, no tiene nada de glamoroso, no se escuchan cánticos ni mantras de fondo, ni hay luces de colores que se desplieguen por el espacio en un espectáculo carnavalesco. Sanar es abrir las puertas de par en par a lo que tenemos tapado, a lo que no queremos ver, y ver como todas las resistencias juntas se aglomeran ante la situación incómoda que está ahí para reconocer asumir y procesar. Presenciamos como se manifiestan las actitudes de negación, el "está todo bien",
el "todo es perfecto", el "todos somos uno", que, como slogans se vuelven auto-boicots y sabotajes del genuino proceso. La sanación es ardua, profunda, caótica y fluctuante, no tiene un camino recto ni hay recompensas particulares inmediatas -si es que las hubiere- ya que el propósito no es particular.
Animarse es un gran acto de valentía, es un acto privado, íntimo y muy hondo. No lo llamemos de otro modo, sanar es sanar, es ver la herida para ver los recursos a usar para atravesará y trascenderla.
Estemos presentes en el proceso, para nosotros mismos, armando red, dejándonos sostener y comprendiendo lo misterioso
que puede ser, sin controlar ni esperar nada más de lo que sucederá.
Todo de alguna manera es perfecto como es, aunque muchas veces no se parece a nuestra idea egótica de " lo perfecto".
Fuente: @elamorconciente

8 de julio de 2018

LA BUENA MADRE ES AQUELLA QUE SE VA VOLVIENDO INNECESARIA..."


La buena Madre es aquella que se va volviendo innecesaria con el paso del tiempo. Ha llegado la hora de reprimir el impulso natural materno de querer colocar el pichón debajo del ala, protegido de todos los errores, tristezas y peligros. Es una ardua batalla, lo confieso. Cuando empiezo a debilitarme en la lucha para controlar la supermadre que todas tenemos dentro, me acuerdo de la frase del título. "LA BUENA MADRE ES AQUELLA QUE SE VA VOLVIENDO INNECESARIA..." Si realicé mi labor de madre correctamente, tengo que volverme innecesaria. Y antes que alguna madre me acuse de desamor, explico qué es lo que significa eso: ser "innecesaria" es no dejar que el amor incondicional de madre, que siempre existirá, provoque vicio y dependencia en los hijos, como si fuera una droga, a tal punto, de que ellos no sean capaces de poder ser autónomos, confiantes e independientes. Deben estar prontos para trazar su rumbo, hacer sus elecciones, superar sus frustraciones y cometer sus propios errores también. Con cada fase de la vida, una nueva pérdida es un nuevo logro; para las dos partes: madre e hijo. El amor es un proceso de liberación permanente, y ese vínculo no deja de transformarse a lo largo de la vida. Hasta el día en que los hijos se vuelven adultos, constituyen su propia familia y recomienzan el ciclo. Lo que ellos necesitan es tener la seguridad de que estaremos con ellos, firmes, en el acuerdo o en la divergencia, en el triunfo o en el fracaso, prontas para el mimo, el abrazo apretado, y el consuelo en los momentos difíciles. Los padres y las madres, solidariamente, crían a sus hijos para que sean libres y no esclavos de nuestros propios miedos. Es ese el mayor desafío y la principal misión.
Cuando aprendemos a ser "innecesarios", nos transformamos en un puerto seguro donde ellos puedan atracar.
"A quien ames dale: alas para volar, raíces para volver y motivos para quedarse”. Hagamos hijos independientes y seguros de sí mismos para que vivan una vida plena y honrada. “CUANDO UNA MADRE AMA DE VERDAD EDUCA A SUS HIJOS PARA APRENDER A VOLAR”.


19 de enero de 2017

FORTALEZA

No siempre tenemos que ser fuertes para ser fuertes. A veces, nuestra fortaleza se expresa siendo vulnerables. A veces, necesitamos deshacernos en pedazos para rehacernos, y seguir sobre el camino. Todos tenemos días en que no podemos empujar más duro. En que no podemos contener las dudas en nosotros mismos, en que no podemos dejar de concentrarnos en el miedo, en que no podemos ser fuertes. Hay días en que no podemos concentrarnos en ser responsables. Ocasionalmente, no queremos quitarnos el pijama. A veces, lloramos delante de los demás. Exponemos nuestro cansancio, nuestra irritabilidad o nuestra ira. No tienen nada de malo esos días. No tienen nada de malo. Parte de cuidar de nosotros mismos significa darnos permiso de "deshacernos" cuando lo necesitamos. No tenemos por qué ser torres perpetuas de fortaleza. Somos fuertes. Lo hemos probado. Seguiremos siendo fuertes aunque tengamos el valor de permitirnos sentirnos temerosos, débiles y vulnerables cuando necesitamos experimentar esos sentimientos.
Melody Beattie

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